Hace 14 años el corazón soledoso de Carlos Martínez Rivas dejó de latir. Claudia Gordillo a través de su lente, captó hace muchos años el ingenio de cómo el poeta gesticulaba a la hora de leer sus versos. LA PRENSA/cortesía de Claudia Gordillo.

El génesis de una pasión

Pablo Centeno Gómez, quizá el biógrafo más acertado de Martínez Rivas sobre su vida y obra expresa: “Carlo Martínez Rivas es un ejemplar único, cuyo genio poético ha levantado la historia cultural de Nicaragua y de Hispanoamérica.

Pablo Centeno Gómez, quizá el biógrafo más acertado de Martínez Rivas sobre su vida y obra expresa: “Carlo Martínez Rivas es un ejemplar único, cuyo genio poético ha levantado la historia cultural de Nicaragua y de Hispanoamérica.

[doap_box title=»» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
  • “Nunca he conocido a nadie en ninguna parte que tuviera tanto genio para la poesía como Carlos en aquellos años. Pero además, era su memoria fabulosa, su conversación chispeante, su gracia”.
  • Ernesto Cardenal, escritor
  • “Un mundo puramente poético, de una poesía hermética e inabordable; tiene mucho de sus elementos vitales, de su vida, de su mundo, de sus experiencias y de su país, que es su mundo de él”.
  • José Coronel Urtecho, escritor

[/doap_box]

Su vida y su obra intelectual cautivan precisamente por lo que hay en él de instintos e irrepetible, en la perfección de su estilo; en su modo de ser como criatura huraña y cordial, como hombre que —henchido de pasión, de curiosidad por las cosas y el conocimiento, y de talento fecundo— urde, registra y rige en su propio drama, los cimientos de un nuevo Génesis, el croquis de la Tierra Prometida. Y todo esto, viviendo al margen del confort y, las más de las veces, en las peores condiciones del orden alienado del mundo, asumido por el poeta con exactísima conciencia  de su propia conducta y, consecuentemente, como insumo a su creación estética”.

EN MI CASA

Carlos Martínez Rivas

con mis gatos y la muerte

Mis Felis catus, mis Felis domesticus,

objeto de mi inclinada solicitud, transitan

sin ver la nube negra que a toda hora se cierne

—agorera— sobre sus cabezas: mi muerte

Hablándome en su idioma, estiran o arquean

el lomo; pasan el largo cuerpo contra la arista

si tienen hambre; cuando se encuentran

juntan sus hocicos; con los ojos cerrados

rascan su cuello bajo la oreja con una garra

de invisible velocidad; bostezan, duermen……

No obstante, observándolos,

su inconsciencia me desgarra el alma

(como lo harían sus propias uñas de acero

o sus afilados dientes); pues, mientras

ellos pasan enseñoreándose de la casa, yo

ya los veo en inválida orfandad animal,

a merced de bestial bruteza humana: maullando

tras la solícita sombra ausente.

Altamir

a agosto

Invierno 1994.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí