Edgard Rodríguez
No hace falta una encuesta para percatarse del enorme entusiasmo que ha causado el arribo del equipo cubano, programado para hoy.
Desde hace una década no se tenía en nuestro país una tropa tan sólida como la que viene. Y en torneos oficiales, no se les ve desde 1994.
Hay, por tanto, una gran expectación por la serie, que se mantiene a cinco juegos y en los escenarios que habían sido definidos al principio.
Y ahora que se despejó la incógnita sobre la calidad del equipo antillano, que es de primer orden, hay más inquietudes en el ambiente.
Quizá la principal es, ¿cómo saldremos en la serie? A todos los nicas nos gustaría que la selección pinolera saliera airosa, pero es difícil.
Y creo que no es asunto de pesimismo u optimismo, pero a este equipo es difícil que le ganemos un partido. Ellos están muy por encima.
La tropa que aterriza hoy, además de figuras establecidas como Alfredo Despaigne o Rusney Castillo, trae a prospectos de gran talento.
La competitividad entre los cubanos por un puesto es enorme. Hay honor, orgullo y sobre todo mucho talento y coraje de por medio.
Sin embargo, sabemos que los nicas harán su mejor esfuerzo para tratar de vencer a un equipo, al que no le gusta perder ni en prácticas.
Debido a un sistema de trabajo eficiente, al respaldo estatal y al talento especial que posee, Cuba ha mantenido su nivel muy alto.
Aquí hemos tenido mucho entusiasmo y deseos de trascender, pero nos ha faltado, además de recursos, organización y método.
En ocasiones, el coraje y agallas reducen la distancia y provocan ciertos impactos, pero eso no ocurre siempre, a pesar que lo deseamos.
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