DAMASCO/AFP
Las fuerzas gubernamentales bombardearon varias ciudades ayer, en una jornada que dejó 36 muertos, en su mayoría civiles, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH). La violencia empujó a la oposición a reclamar a la comunidad internacional armas sofisticadas para derrocar al régimen por la fuerza, a lo que Rusia se rehúsa.
“Pedimos únicamente (a la comunidad internacional) que nos suministre armas más sofisticadas, pero nadie lo quiere hacer”, lamentó Luay Saka, un portavoz del Syrian Support Group.
Luego de las matanzas de civiles los últimos diez días, “por primera vez desde el comienzo de la crisis el tema de una intervención militar se plantea de manera emocional”, estimó el ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov, agregando de inmediato que Rusia, aliada de Siria, se opondría.
Aunque el plan de Kofi Annan empiece a “enredarse”, no hay “alternativa”, estimó Lavrov pidiendo la organización rápida de una conferencia internacional, con la presencia controvertida de Irán.
Moscú, que tomó sus distancias con Bashar al Asad estas últimas semanas, vería de buen ojo que el presidente sirio dejara el poder “si los propios sirios se ponen de acuerdo sobre este tema”, observó Lavrov.
Antes del amanecer de ayer, al menos 17 personas, entre estas nueve mujeres y tres niños, murieron en bombardeos del ejército en Deraa, según el OSDH, que vio en la ofensiva una posible respuesta a los “ataques lanzados generalmente por la noche contra los retenes del ejército”.
El bombardeo provocó la ira de centenares de refugiados que se manifestaron en Ramtha, ciudad jordana cercana a Deraa.
También se registraron nuevos combates en Heffa (Lattaquia) donde murieron o resultaron heridos decenas de soldados del régimen, según militantes locales y el jefe del OSDH, Rami Abdel Rahman. El ejército bombardea esta región que intentan retomar luego de registrar unas 50 bajas, según el OSDH.
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