“Me apasiona el comercio y la delicadeza que transmiten unas manos y uñas bien arregladas. Por eso, desde hace casi un año abrí Le Kuku”.

Mariel Lacayo: Apasionada por la belleza personal

Apasionada por la belleza personal, sobre todo por la delicadeza que transmiten unas manos y uñas bien cuidadas, Mariel Lacayo desde hace casi 10 meses abrió el salón Le Kuku, que en indonesio significa las uñas

 

Fátima Arellano

Fotos: Alfredo Zúniga

Apasionada por la belleza personal, sobre todo por la delicadeza que transmiten unas manos y uñas bien cuidadas, Mariel Lacayo desde hace casi 10 meses abrió el salón Le Kuku, que en indonesio significa las uñas.

En un principio, el proyecto lo concibió para ofrecer exclusivamente el servicio de uñas acrílicas, pero el éxito ha sido tanto que sus clientes le han pedido que mientras les arreglen sus manos y pies también les realicen corte de cabello, secado, planchado o tinte. Pero no se ha limitado. Ahora Le Kuku ofrece depilación total, faciales y masajes.

“Somos especialistas en uñas acrílicas. Mi hija mayor, Ana Mariel, eligió el nombre y nos gustó. Como a mí también me gusta mucho el comercio, deseaba tener mi propio negocio y que fuera en algo con lo que me identificara. ¡Qué mejor que en uñas acrílicas!”, dice entre risas Mariel, quien además es amante de los accesorios de plata.

“Me apasionan las ventas. Aún sin haber estudiado la carrera, considero que lo mío es esto. Puedo vender lo que sea a cualquier persona. Tengo carisma y la capacidad necesaria”, asegura Mariel.

Actualmente Le Kuku cuenta con cinco personas especializadas en el ramo de la belleza para atender a los clientes. Entre sus planes a futuro, Mariel desea ampliar sus fronteras y abrir más Le Kuku.

“Al inicio solo tenía a dos muchachas, pero lo bonito es que hemos crecido y espero seguir así. Todo el negocio está a mi cargo. Yo no puedo estar ni un minuto quieta porque me encanta trabajar y soy muy eléctrica. La mayoría de mi tiempo se lo dedico a Le Kuku para darle a mis clientes la calidad que merecen. Mi atención es personalizada”.

MADRE EN TRES FACETAS

Desde hace 22 años Mariel está casada con Ricardo López, quien también tiene su propio negocio, el restaurante El Mondongo, el cual ha sido familiar desde sus orígenes.

“Me casé con Ricardo a los 18 años. Él tenía 21. Todo este tiempo hemos sido muy felices, sobre todo con nuestras tres hijas: Ana Mariel de 21 años, Norma Eugenia de 15, y Anabella de 8. Soy madre de una hija adulta, otra que está en la adolescencia, con las fiestas y discos, y la menor que aún está de piñatas, pero a las tres las cuido en sus distintas etapas con mucho amor”, afirma Mariel.

Pese a todos los negocios que ella atiende, no descuida a sus hijas. Les ha transmitido buenos valores, las aconseja, escucha y siempre está presente cuando ellas la necesitan.

“Mis hijas son todo para mí. Recuerdo que lo más difícil que me ha tocado vivir como madre fue la enfermedad que hace algunos años mi hija Ana Mariel sufrió en su piel. Saber exactamente qué tenía, el tratamiento que debía recibir y los cuidados tanto médicos como en casa no fue nada sencillo, hasta tuvimos que llevarla fuera del país para su diagnóstico, pero nada era más importante que su salud. Gracias a Dios ella está muy bien, siguiendo con su vida con mucho éxito”.

Los fines de semana toda la familia se dedica más tiempo.

Mariel asegura que ella trata de ser más amiga que madre, aunque no sea sencillo, tampoco es imposible, afirma.

“Por la edad de mi hija Anabella (8 años) tengo que ser más mamá, ya que lo primordial en estos momentos es su educación. Con mi hija Norma soy mamá y amiga a la vez, pues considero que escucharla en fundamental. Con la mayor disfruto salir a discos y fiestas. Nos encanta el karaoke, y ahora mucho más, porque mi esposo me regaló uno. Para mí es crucial escucharlas, no exigirles ni prohibirles nada, mucho menos ahora que las dos mayores tienen novio. Tengo que ser más amiga”, recalca.

Mariel también disfruta reunirse con sus amistades, salir a bailar y escuchar música. Le gusta revivir su época de juventud, pero jamás olvida que es madre y que como tal tiene muchas responsabilidades.

“Desde que tenés un hijo, la vida te cambia por completo. Ya existe la preocupación de un hijo, pero todo es hermoso cuando se cuenta con una familia, y la mía es muy unida. Mi esposo es un excelente padre que trabaja para darle a sus hijas lo mejor”.

22 años de matrimonio se dice fácil, pero vivirlos ciertamente no lo es. La clave es el amor, afirma Mariel.

“Me casé muy joven porque estaba muy enamorada. Es el día de hoy y puedo asegurar que ese amor aún sigue vivo. Mi esposo es incondicional conmigo, me apoya en todo, así le resulte una locura. Como matrimonio hemos emprendido muchos negocios, que por diversas razones hemos tenido que cerrar, pero ahora estamos enfocados en hacer crecer lo que tenemos, ya que como pareja lo consideramos fundamental; además, porque deseamos dejarle algo firme a nuestras tres hijas, que son nuestro mayor orgullo”, finaliza Mariel.

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