Por Juan Carlos Ampié
Es una larga tradición de Hollywood. Dos estudios se enganchan en un mismo concepto y echan a rodar proyectos gemelos. A veces, uno cae en el camino. Otras veces, películas extrañamente similares se estrenan demasiado cerca. Así estamos ahora, enfrentando dos adaptaciones de Blanca Nieves . Al menos podría armar un matiné rico en contrastes viéndolas una tra otra. “Espejito, Espejito” es un sainete cómico diseñado para alegrar el corazón. “Blanca Nieves y el Cazador” va a la yugular.
La premisa la misma: la bella princesa huérfana Blanca Nieves es envidiada por su madrastra malvada, quien la manda a matar. El cazador a quien se le confía la misión se apiada de ella. Un grupo de enanos la protege, hasta que la reina descubre el engaño y toma la tarea en sus propias manos, con una pequeña ayuda de una manzana envenenada. Suena como la versión que Disney impuso desde el estreno de su clásica fantasía animada en 1932, pero esta nueva película es mas Grimm que Fantasilandia. Se embarca en disgresiones necesarias para hacerla pertinente cultural y comercialmente. La heroína no puede ser una víctima pasiva, así que se convierte en una guerrera de armas tomar. Hay que bajarle el gas a la monarquía en el siglo XXI, así que el cazador comparte cartel y funciona como interés romántico plebeyo. Para mantener interesada a la audiencia masiva, se conjuran asombrosos efectos especiales y gratuitas secuencias de acción en cámara lenta. Y nunca está de más meter algo de conciencia ecológica. En el capítulo más extraño, Blanca Nieves es ungida como “elegida” por los espíritus del bosque. La secuencia parece extraída de la sublime película animada Princesa Mononoke (1997). Alguien en Universal Pictures debería escribir un cheque bien jugoso a Hayao Miyazaki.
No hay nada intrínsecamente malo en estos ajustes y préstamos. El joven director Rupert Sanders mantiene el ritmo, y los elementos de diseño de producción sorprenden constantemente por el ingenio de su ejecución. Desde los espectaculares trajes hasta los sutiles y letales efectos del Bosque Oscuro, pasando por la envolvente tosquedad de la ambientación medieval. El factor entretenimiento es tan efectivo, que solo el final que uno distingue como la película coquetea con una reinvención original y la sacrifica en el nombre de una narrativa convencional. Ravenna, la madrastra malvada, fue víctima de la violencia masculina. Sus acciones destructivas son una misión de reafirmación vengativa contra un mundo de hombres. El carisma e intensidad de Theron la convierten en una presencia magnética. A su lado, Blanca Nieves es un pálido símbolo de “nueva feminidad”, empoderada pero con buenos modales. La película no puede hacer otra cosa con Ravenna más que expurgarla por malvada. Merece mejor suerte.
A pesar del desatino, los aciertos reivindican hasta los errores de otras películas. David Hemmingsworth era una nulidad como Thor , pero aquí prueba que tendrá carrera después de colgar el martillo de los dioses. La narrativa de “niña trémula a guerrera”, tan gratuita en Alicia en el País de las Maravillas (Tim Burton, 2010) es abonada por interesantes símbolos de resistencia femenina, como la aldea de mujeres que se desfiguran el rostro para no ser aptas a los sacrificios de la reina. Los enanos son digitalmente creados con excelentes actores británicos como Ian McShane, Bob Hoskins y Ray Winstone. Y Theron se roba la película. Mas Charlize, por favor. Y pronto. Puede ser genérica, pero Blanca Nieves y el Cazador tiene un poco de magia humana a su favor.
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