“Yo escribí en una carta el más grande de todos mis sueños: tener una familia. Dios me la concedió. Tengo a mis dos hijos y a mi esposo que me apoya en todo”.

Lizeth Gaitán

Por Fátima Arellano Fotos de Alfredo Zúniga. ¿Quién es Lizeth Gaitán? Por muy sencilla que la pregunta pudiera parecerles, la respuesta es lo realmente trascendental.  No les hablaré sobre su belleza física, que salta a la vista en cada una de las imágenes; ni llenaré las páginas destinadas con su currículum, mucho menos la describiré. […]

Por Fátima Arellano

Fotos de Alfredo Zúniga.

¿Quién es Lizeth Gaitán? Por muy sencilla que la pregunta pudiera parecerles, la respuesta es lo realmente trascendental. 

No les hablaré sobre su belleza física, que salta a la vista en cada una de las imágenes; ni llenaré las páginas destinadas con su currículum, mucho menos la describiré. No lo haré yo, porque dejaré que sea ella misma quien se los diga.El 3 de mayo de 1973, la artesana Rosario Hernández, a quien Lizeth describe como una mujer hermosa, de tez blanca y sobre todo muy trabajadora, inteligente y talentosa, dio a luz a Delia Lizeth Gaitán Hernández.

Con mucho orgullo nos dice su fecha exacta, pues cada día, cada mes y cada año ella los ha hecho brillar, sin importar cuan gris, nublado o lluvioso le haya tocado vivirlos.Doña Rosario siempre le inculcó a su hija, la segunda de siete hermanos, que la ociosidad solo conllevaba a vagancia. Por eso ella, madre prudente y sabia, hizo que Lizeth desde sus 10 años aprendiera, entre otros oficios, a coser, bordar, tejer y cocinar, aunque no todos los cursos le gustaran.

“Mi madre murió cuando yo tenía 12 años. Ella me mandó a estudiar muchas cosas que igual no me gustaban. Recuerdo que cuando se dormía la señora de bordado, yo me fugaba. También me mandó a aprender costura y en una ocasión le dije a la señora que ella no sabía coser porque mi mamá lo hacía en tela y ella en papel, y me corrió de su clase”, recuerda Lizeth entre risas sus anécdotas de niñez.Cansada doña Rosario de la actitud de su hija, le dio la oportunidad de elegir qué curso estudiar, pero uno que no dejara inconcluso.

“Ella me dio las páginas de los clasificados del periódico. Leí un anuncio sobre belleza y me gustó, pero era algo caro. Mi mamá no me lo negó, pero me hizo conciencia para que esta vez lo valorara. Yo fui a las clases y me quedé por completo. En noviembre de ese año finalicé el curso. Mi profesora decía que yo pichaba, cachaba y no dejaba batear, porque todo lo hacía bien”.

A los tres meses de haber concluido el curso de belleza, el 19 de febrero de 1987, doña Rosario falleció dé cáncer. “Nosotros nos dimos cuenta de que ella tenía cáncer en enero. Mi mamá estaba embarazada y aunque se quejaba de sentir dolor en su columna, no le pudieron dar tratamiento. Mi hermana menor, Rosario, nació el 29 de septiembre, dos meses antes de que yo culminara el curso.

Ella me quedó a mí de cuatro meses. Mi papá nos reunió a todos los hermanos, nos puso en fila y nos dijo: ‘su mamá se muere’”, suspira casi con lágrimas.Un tumor de casi tres libras cobró la vida de doña Rosario.

“En agosto de 1999 nació Delia’s Place porque Roberto y yo deseábamos tener el tiempo necesario para educar a nuestros dos hijos. Nuestra familia vale, por eso la cuidamos”.

Su muerte fue el inicio de muchas más calamidades.“Con la muerte de mi madre yo me gané el título de mamá. A los 12 años se acabó la escuela para mí y comenzó la ropa sucia, la pobreza, el hambre, los niños, la comida, la cocina… Mi papá tomó sus cosas y se fue porque dijo que no había quién lo atendiera en la casa. La lógica de él fue que lo atendiera la otra, la paralela, como yo le llamo”.

Lizeth vivía en Don Bosco con todos sus hermanos. Ellos eran una familia acomodada y pasaron a no tener ni qué comer. Los vecinos, recuerda ella, le ayudaron por un tiempo pasándole comida, que ella luego preparaba para todos sus hermanos.

“Cuando mamá Hilda (su abuela) nos vio solos, asumió el papel de mamá y mis tíos el de padre. Nuestra situación mejoró hasta que ella falleció en enero de 1988. La pobreza y el hambre regresaron, pero primero llegó a nuestra vida Bertha, la paralela de mi papá.

Él se fue a vivir a Estados Unidos con una buena intención. Nos dijo que quería que comiéramos bien, pero nos dejó a cargo de Bertha, quien nos dio mala vida y también se fue, dejándonos solos. Recuerdo que nos enfermamos. Llegué a sufrir de infección muy grave en los riñones.

Nos alternábamos para comer, no teníamos con qué limpiar, lavar y bañarnos. Nos dio piojos y sarna, y no me da pena decirlo. Lo peor que he comido en mi vida ha sido un banano maduro con crema agria. Es por eso que a mis hijos les enseño que todo hay que valorarlo y que nada se debe desperdiciar ”, exhorta.

BRILLO DE ÁNGEL  

Cuando un “ángel” llegó a la puerta de Lizeth, otros se aproximaron también. “Una señora sin conocerme llegó a mi casa. Fue la primera y última vez que la vi. Ella me pidió entrar, pero yo le dije que no porque la casa estaba muy sucia y me daba pena.

Ella me dijo que quería orar conmigo y lo hizo desde la puerta. Puso su mano sobre mi cabeza y empezó a orar. Yo sentí un calor que me recorrió todo el cuerpo. Al terminar la oración, ni mis hermanos ni yo teníamos calentura”.Poco tiempo después, otros ángeles llegaron a su vida. Una señora, a quien ella le arreglaba las manos, la buscó porque notó que ella no regresó más.

“Me encontró en fustán porque la ropa ya no me entraba. Ella nos llevó a un hospital privado y pagó todo el tratamiento y nunca me cobró ni un peso. Si hay alguien agradecido en el mundo, esa soy yo. Ella me salvó la vida. Poco tiempo después me fui a vivir a casa de mi tía Esperanza, quien tiene un salón de belleza con su mismo nombre. De día trabajaba y de noche estudiaba mi bachillerato.

Un día me fui a un curso de belleza, un evento de Sebastian y la instructora se fijó en mí. Me dijo que yo tenía talento y que podía llegar a ser una técnica o instructora y se lo dijo a mi jefe. Poco a poco me fui ganando mi puesto. Para mí fue la puerta al mundo”.Definitivamente, las oportunidades hacen “toc, toc” una vez y no se pueden desaprovechar, tal como lo demuestra Lizeth.

“A la vida no le puedes poner excusas, que no tengo trabajo, zapatos, ropa, etc. Gracias a mi esfuerzo y perseverancia, el equipo de Sebastian habló con mi jefe y le dijo que me querían en Santo Domingo, yo pensé que sería a largo plazo, pero a los pocos meses ya estaba en República Dominicana, con pasaporte y todo porque ellos me dieron todo, hasta partida de nacimiento. Yo no tenía más que dos faldas y cuatro camisas.

“Soñar es barato y lindo. Pero para hacer realidad cada uno de nuestros sueños hay que convertirlos en meta y trabajar con mucho esmero y perseverancia. Yo no acepto nada mal habido en mi vida”.

Mi vida alcanzaba en una funda de una almohada. Mi hermano, que estaba en Estados Unidos, me envió 150 dólares para que resolviera y Ana Sofía Pereira, que fue Miss Nicaragua, me regaló una falda y un blazer rosado. Yo llegué así vestida. No sabía que había que llegar de blanco y negro, pero aun así, fui la mejor. Y desde entonces, no he dejado de prepararme”.

ESTABA ESCRITO

A Lizeth le enseñaron que los sueños se hacen realidad y que soñar es barato. Ella no solo soñó, los pasó a objetivos de vida y trabajó con mucho esmero para hacerlos realidad.“Cuando me pusieron a soñar y a escribir mis sueños en una carta, yo escribí que quería una familia. Yo no tenía familia, me quedé sin mamá, sin papá y sin hermanos. Me quedé sin nada. Yo posaba, aportaba en lo que podía, pero no dejaba de ser una arrimada. Yo pedí a mi esposo y a mis hijos.

Quería una niña y un niño, y le puse nombre a cada uno de ellos y guardé mi carta, porque dice la palabra que la Biblia se cumple porque está escrita y que todos los sueños hay que escribirlos”.

Lizeth guardó su carta, pero sin olvidar lo que su corazón anhelaba. Una de sus amigas le presentó a Roberto Carrillo, su esposo. Tres meses fueron novios y desde hace 16 años son un feliz matrimonio con dos hijos: Grace Alejandra y Roberto Carlos.“Grace fue la niña más deseada.

El embarazo trae consigo un paquete y es el de la dulzura, la entrega y el amor. A mí no me importaba tener achaques, náuseas, vómitos. Yo disfruté mis dos embarazos porque siempre quise tener una familia”. Entre los sueños de Lizeth no estaba tener su propio salón de belleza, pero el deseo de permanecer con su familia por más tiempo hizo que anclara su barco y se aferrara a él. “Antes de ser Máster de Diseño para Sebastian, fui técnica de belleza.

No era mi sueño tener un salón, pero cuando nació Grace me di cuenta que necesitaba dedicarle más tiempo a mis hijos porque no podía estar mucho tiempo fuera del país y dejar a mi familia.

En Agosto de 1999 nació Delia’s Place. Fuimos poco a poco, ahorrando y comprando. Yo no quería que se llamara Lizeth, porque entonces todos los clientes vendrían a buscarme a mí, y yo deseaba que el salón creciera porque este es un negocio familiar.

Tres de mis hermanas son mi brazo y mi esposo mi apoyo incondicional. Él administra el salón y eligió el nombre con ayuda de un amigo. Cuatro años estuvimos en Los Robles y desde hace nueve acá en Lomas del Valle. Cuando nosotros decidimos tener nuestro propio negocio, también decidimos hacerlo crecer.

Lo más satisfactorio para mí es que todas las personas salgan con una sonrisa en sus labios y que regresen porque confían en esta gran familia. La familia que Dios me ha dado”.

Nosotras

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