Pablo Fletes
Uno de los boxeadores más agitados de los últimos años, el estadounidense Johnny Tapia, fue hallado muerto la noche del domingo en su casa de habitación en Albuquerque, Nuevo México.
El abrupto final de Tapia no parece sorprender en el mundo del boxeo. Tapia, apodado “Mi Vida Loca”, realmente vivió de una forma intensa, desenfrenada, marcada por su adicción a las drogas, el alcohol, por problemas de depresión y con una serie de accidentes personales que marcaron su vida.
Basta recordar que la madre de Tapia fue asesinada de 28 puñaladas con un destornillador, escena que vio Tapia cuando era un niño de 8 años de edad.
El padre de Tapia también fue asesinado, y un cuñado junto a un sobrino murieron mientras viajaban para presenciar una de sus peleas.
No se saben los motivos de la muerte de Tapia, quien falleció a los 45 años de edad. Las autoridades policiales de Albuquerque anunciaron que le harán una autopsia para esclarecer el caso, pero no sería sorpresa conocer que su agitada vida lo llevó a una decisión o un accidente fatal.
A Tapia también se le recuerda porque en noviembre de 1996, expuso su corona supermosca de la Organización Mundial de Boxeo (OMB) ante el nicaragüense Adonis Cruz, a quien venció por decisión.
Adonis fue dirigido en esa pelea por Alexis Argüello (q.e.p.d.). Tapia, campeón en tres divisiones, hizo su última pelea en junio del año pasado, cuando venció por decisión al colombiano Mauricio Pastrana.
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