EFE /VIDA
Mientras caía el telón en una de las series de televisión más populares del mundo, el médico de diagnóstico Gregory House, misántropo pero brillante, interpretado por Hugh Laurie, resolvió uno de los puzzles más desconcertantes de todos: él mismo. El último capítulo, titulado Everybody Dies ( Todo el mundo muere ), comenzó con un House suicida atrapado en un edificio en llamas, haciendo frente a sus propios demonios y alucinando.
La audiencia llevaba semanas preguntándose si la serie acabaría con la muerte a causa del cáncer del único amigo de House, el oncólogo James Wilson, si fallecería el propio House, o ambos. Pero en el final ambos sobreviven —al menos durante un tiempo— y su amistad pervive más fuerte que nunca.
Cuando House finalmente opta por la vida y trata de abandonar el edificio, este estalla en llamas. Pero mientras sus colegas se reúnen para homenajearle y recriminarle en un emotivo funeral, House guarda un último as bajo la manga. Había falsificado su propia muerte, destruyendo cualquier oportunidad de ejercer de nuevo como médico, para evitar volver a prisión tras una desastrosa travesura y en su lugar pasar tiempo con Wilson, moribundo.
Ver en la versión impresa las páginas: 1 B