Del cacao a la tarjeta de crédito

Nuestros abuelos guardaban el dinero debajo del colchón, nuestros tatarabuelos lo enterraban en el patio de la casa y si pudiéramos retroceder unos 500 años en el tiempo veríamos que nuestros ancestros indígenas se lo bebían. Así de cambiante ha sido el sistema monetario de Nicaragua.

Por: Amalia del Cid

Nuestros abuelos guardaban el dinero debajo del colchón, nuestros tatarabuelos lo enterraban en el patio de la casa y si pudiéramos retroceder unos 500 años en el tiempo veríamos que nuestros ancestros indígenas se lo bebían. Así de cambiante ha sido el sistema monetario de Nicaragua.

Hoy usamos cerditos de barro y tarjetas de plástico para acumular monedas, billetes o dígitos: dinero. Pero, ¿qué es el dinero? Es simplemente el instrumento que se usa para dar valor a las cosas, dice el economista Mario Arana, quien fue presidente del Banco Central de Nicaragua (BCN) durante el gobierno de Enrique Bolaños Geyer.

En su sentido más complejo el movimiento del dinero es algo parecido al juego de mesa Monopoly. Es un sistema en el que juegan sus fichas los productores, los compradores, el Estado y los bancos. Sin embargo, para simplificar el asunto, también puede entenderse como un sistema que es respaldado por la propia capacidad productiva del país.

El dinero vale lo que puede comprar. Antes, en tiempos de los Nicaraos, diez granos de cacao valían un conejo. Ahora 150 córdobas valen lo mismo. Debe haber un equilibrio entre la cantidad de dinero circulante y los bienes existentes para que la economía no se descalabre, como lo hizo en los años ochenta, cuando la inflación tocó el cielo y el córdoba se devaluó en 3,333 por ciento.

No obstante, pese a los altibajos, nuestra moneda, el “córdoba”, se ha mantenido, y el pasado 20 de marzo cumplió cien años de existencia, pues nació en 1912 bajo el decreto de la Ley de Conversión Monetaria, emitido por el entonces presidente de Nicaragua, Adolfo Díaz.

LA HISTORIA

Pero antes del nacimiento del córdoba, por estas tierras de Dios pasaron la fea macuquina, la Carolus et Johanna, los tostones y los guacamoles o chancheros (que nos heredaron el término con que se hace referencia a los billetitos de poco valor). La historia de la moneda de Nicaragua es un reflejo de los cambios políticos que han provocado tanta inestabilidad, señala Roberto Sánchez, historiador.

Para aprender del tema de la moneda es recomendable visitar la Colección Numismática del BCN, donde existen más de 31 mil piezas, entre billetes monedas fichas y medallas. Allí puede apreciarse la vanidad de los gobernantes cuyas efigies aparecen impresas en billetes, como la de Anastasio Somoza García.

Es también en las oficinas del BCN que se decide cuánta plata debe circular en Nicaragua. Hay nuevas emisiones o renovaciones de emisiones cada vez que el banco lo considera conveniente, ya sea porque el dinero circulante está viejito o porque la actividad económica del país está demandando más plata.

Por el momento, en nuestro país circulan alrededor de 8,900 millones de córdobas, según datos del BCN.

Se aprovechan las épocas de mayor movimiento, como la temporada de aguinaldo, para sacar billetes nuevos de las bodegas del banco y ponerlos a circular.

Ese dinero termina en los bolsillos de los nicaragüenses, pasa por restaurantes, bares, mercados y pulperías, sirve de diezmo en las iglesias, paga hospitales, colegios y universidades, compra la felicidad de algunos y le secuestra la conciencia a otros, hasta que un día llega su ocaso y vuelve al lugar del que salió. Lo espera un cuarto en el Banco Central, donde acaba sus días hecho mil pedacitos. Y todo esto sucede para que eso que llamamos “economía” pueda funcionar.

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