Redacción Domingo

Este es un buen mes para visitar Bluefields. No solo por las fiestas de Palo de Mayo, ese colorido tributo a Mayaya, la diosa africana de la fertilidad, sino porque todavía no empiezan a caer plenamente las lluvias de invierno.
Sin embargo, en Bluefields llueve hasta en verano. De hecho, para el turista los mejores meses para conocer esta ciudad del Caribe nicaragüense son enero y febrero. En esos días hay algo de sol.
A pesar de ser una ciudad costera, no tiene balneario. Pero desde la bahía puede observarse el famoso puerto de El Bluff.
El fuerte de Bluefields es la cultura, esa rica diversidad de lenguas y etnias. Creoles, garífunas, miskitos, ulwas, ramas y mestizos aportan sus propias costumbres, tradiciones y comidas. De modo que esta ciudad ofrece una amalgama de sabores de tierra y mar.
El rondón, el pan de coco, el pan bon, las empanadas de plátano y el queque de quiquisque están a la orden. Igual que los mariscos, que se consiguen baratos, ya que en la ciudad muchos viven de la pesca.
En buena temporada, una libra de pescado se puede conseguir hasta en 18 córdobas y una de camarones de buen tamaño en 60 córdobas.
Hay hotelitos para que el turista se aloje cómodamente, a precios que comienzan en los 350 córdobas. Si se queda por más de una noche, es probable que le hagan descuento a su hospedaje, es la política de varios hoteles blufileños.
Si va en estos días es probable que no quiera salir de la ciudad. Las calles están de fiesta, hay comparsas, colores, movimientos cadenciosos y ferias gastronómicas.
No pierda la oportunidad de probar una guisada y patí de primera calidad.
Si no puede viajar en mayo, recuerde que en todo tiempo Bluefields es la puerta de salida hacia paraísos como Laguna de Perlas, Cayos Perlas y Rama Cay, donde habita la etnia rama.

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