
Las dieciséis manzanas del único y emblemático cementerio con que cuenta la ciudad de Jinotega ya no dan abasto para enterrar más difuntos.
Respecto al lugar hay una historia que se ha difundido de generación en generación y que resulta algo “jocosa”. Se dice que en vista de que nadie moría en Jinotega y precisaban inaugurar el cementerio, un grupo de jinoteganos “arrebató” el cuerpo en la carretera Matagalpa-Jinotega, cuando iban a enterrarlo a la vecina ciudad.
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Se trataba del vía crucis de las ánimas, afirmaba Jarquín, quien sustituyó al primer panteonero de Jinotega, don Francisco Manzanares.
El jinotegano, quien trabajó en el lugar durante 40 años, afirmaba que los rezos se escuchaban a la orilla del río, pero al acercarse, los oía por el costado norte del camposanto, y así sucesivamente hasta dar la vuelta completa al cementerio sin descubrir quiénes rezaban.
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Toda el área del cementerio ya está ocupada, por lo que recientemente la Alcaldía de Jinotega adquirió cuatro manzanas de tierra hacia el oeste de la ciudad, en las faldas del cerro La Cruz. En estos días un tractor de la comuna preparaba la tierra para lotificar y responder a la demanda, aunque el terreno ya está siendo utilizado como camposanto.
En el lugar es notorio el esfuerzo que los jinoteganos, que acuden a dar sepultura a sus difuntos, realizan para escalar una empinada cuesta.
Don Margarito Meza, quien durante cuarenta años trabajó como panteonero y aunque la Alcaldía lo jubiló, continúa laborando ahí de forma privada, cuenta que hace algún tiempo se enterraban hasta diez y quince cuerpos en una misma tumba sin hacer bóveda.
Aunque en la Alcaldía de Jinotega no fue posible obtener declaraciones de Alfredo Chamorro, jefe de Servicios Municipales de la comuna, don Margarito indicó que se utilizarán nuevas técnicas para enterrar a los difuntos, de común acuerdo con los familiares. La idea es construir en cada lote cinco o tres bóvedas con el fin de optimizar el espacio disponible en las cuatro manzanas recién adquiridas.
Meza recuerda que el terreno originalmente tenía unas cuatro manzanas y a lo largo de los años fue creciendo. Primero se extendió a siete manzanas, posteriormente a diez y ahora las dieciséis manzanas de tierra están llenas por los cuatro costados.
Indicó que fue en los años ochenta, durante la guerra, que el cementerio de Jinotega creció aceleradamente y hubo que comprar terreno extra a los propietarios de áreas vecinas, como don Jesús Valle y don Agustín Hernández.
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