DAMASCO/AFP
El Consejo Nacional Sirio (CNS), principal núcleo opositor, mostró ayer señales evidentes de división, al punto que el líder Burhan Ghaliun dijo que estaba listo para renunciar cuando un nuevo dirigente sea electo, luego de las fuertes críticas por su reelección.
Pocas horas antes, los Comités Locales de Coordinación (LCC), que organizan las protestas contra el Gobierno, habían amenazado con retirarse del CNS, y denunciaron el “monopolio” del poder en el interior del núcleo opositor.
Las principales críticas al CNS mencionan en la enorme influencia de los Hermanos Musulmanes y su falta de coordinación con los militantes. Los militantes criticaron vivamente la reelección de Ghaliun, por estimar que el dirigente había sido impuesto por los Hermanos Musulmanes.
Partidario de una izquierda nacionalista árabe, Ghaliun había emergido como una personalidad capaz de servir como elemento unificador en el interior de un Consejo compuesto de múltiples tendencias, incluyendo islamistas, nacionalistas y liberales.
Como contrapartida a la oposición dividida, el gobierno logró una expresión de apoyo de parte de Rusia, donde el Primer Ministro, Dmitri Medvedev alertó a países occidentales contra intervenciones militares “precipitadas” que pueden llevar extremistas al poder o convertir conflictos regionales y guerras con armas nucleares.
En este escenario, el ejército sirio concentraba ayer sus ataques en la ciudad de Rastane, un importante bastión de los rebeldes, que el miércoles fueron definidas por el presidente Bashar al Asad como “un bando de criminales”.
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