Edgard Rodríguez
Aún cuando a diferencia del futbol europeo, el balompié nicaragüense sea muy modesto, no inspire portadas en los periódicos y tampoco invada a través de la televisión, tiene sus héroes y personajes que han contribuido a su desarrollo.
Reconocer a esos héroes y acercarlos a las nuevas generaciones de futbolistas y fanáticos es uno de los múltiples objetivos que se ha planteado la Federación Nicaragüense de Futbol, con su proyecto del Salón de la Fama del futbol pinolero.
Las ideas no han sido articuladas todavía y hay espacio para las sugerencias. De hecho, Julio Rocha, titular de la Fenifut, ha determinado crear una comisión en la que puedan dar sus aportes todos los sectores vinculados con este deporte.
Cuando se me consultó, le comenté que era clave hacer de este proyecto uno muy distinguido, en el que se reconociera la excelencia, ya que el nivel de un Salón de la Fama está determinado por la estatura de sus integrantes. De lo contrario, no habría ningún respeto.
Aquí ha habido futbolistas como Róger Mayorga o Salvador Dubois, Manuel Cuadra o Miguel Buitrago que seguro van a terminar ahí dentro. Pero la clave tiene que ser premiar a los mejores, a fin de que desde un estrado distinguido se pueda motivar a los demás a alcanzar ese peldaño.
Ahí está el ejemplo del Salón de la Fama del Deporte Nacional, cuyo espíritu ha sido correcto, pero se volvió tan masivo que ha perdido distinción. El futbol quizá no tenga tantos héroes, pero si hace una elección correcta, en la que se reconozca solo a los mejores, seguro tendrá un respeto y consideración a pesar de su modestia.
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