¿Y vos, buscás pareja?

Existe evidencia científica de estudios en psicología social, específicamente en el área de la “atracción interpersonal” de que las relaciones entre hombres y mujeres no se dan al azar o por la tan mencionada “química”, “cupido”, “atracción magnética”, determinaciones del destino y o a través de cualquier otra explicación popular.

Agencias VIDA

Existe evidencia científica de estudios en psicología social, específicamente en el área de la “atracción interpersonal” de que las relaciones entre hombres y mujeres no se dan al azar o por la tan mencionada “química”, “cupido”, “atracción magnética”, determinaciones del destino y o a través de cualquier otra explicación popular.

Es decir que en principio hay razones psicosociales flexibles de por qué se elige (o de cómo se elige) la persona que tiene la probabilidad de ser candidata para formar pareja (casarse, convivir o compartir).

Muchas, si no la mayoría de las veces, son estas bases de atracción interpersonal las que “sembrarán” el cultivo de la felicidad-infelicidad de la pareja. Algunas variables flexibles de atracción interpersonal son:

1-Nivel socioeconómico

2-Similitud cultural

3-Características de personalidad

4-Atributos físicos

5-Edad

6-Similitud de valores y filosofías.

Aún hoy en día hay poca educación sistemática sobre destrezas y conocimiento en la manera de elegir “racionalmente” la pareja y disminuir de esa manera las posibilidades de fracaso e insatisfacción en la relación.

Si partimos de la idea que conforme a nuestro mejor juicio en un momento dado, hemos elegido un compañero razonablemente apropiado, aún así hay un sinnúmero de fuentes potenciales de roces, problemas y conflictos.

Esto nos lleva a una de las principales reglas que hay que tener siempre presente para mantener una relación relativamente satisfactoria y saludable.

La regla dice: “En toda relación humana existe el potencial de conflicto, y en las relaciones más cercanas o íntimas esto parece aumentar por la proximidad y frecuencia de las interacciones”.

En otras palabras, no hay relaciones humanas libres del potencial de conflictos, ni siquiera en las relaciones de amor por decirlo de esa manera.

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