Las expulsiones de cenizas del volcán Masaya han dañado los cultivos de cítricos, y desde ya los pobladores vaticinan graves pérdidas económicas. LA PRENSA/ U. MOLINA

Se sienten mal y no los atienden

La cortina de arena rosada que cobija a las comunidades del extremo suroeste del volcán Masaya ha disminuido, pero causó afectaciones respiratorias e irritación en los ojos a los pobladores.

José Denis Cruz y Wilder Pérez R.

La cortina de arena rosada que cobija a las comunidades del extremo suroeste del volcán Masaya ha disminuido, pero causó afectaciones respiratorias e irritación en los ojos a los pobladores.

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Hace más de 3,000 años los habitante de Managua tuvieron que huir para salvar sus vidas. Así lo demuestran las huellas de Acahualinca, ubicadas tan lejos, que desde ahí no se alcanza a ver dicho volcán.

En estudios recientes del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter) y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) confirmaron que el volcán Masaya es una de las principales amenazas geológicas del Pacífico de Nicaragua.

Según las investigaciones, este coloso es capaz de emanar flujos de lava de hasta diez kilómetros de longitud, o 25 kilómetros en casos extremos.

Además, puede lanzar rocas hasta a un kilómetro de distancia, pero su flujo piroclástico o “nube ardiente” alcanzaría los 20 kilómetros de extensión.

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Sin embargo, el Ministerio de Salud (Minsa) parece ver de lejos los malestares de la población, pues la mañana de ayer personal de esta institución se presentó al lugar, pero no les brindó consultas médicas.

“(El Minsa) Vino y se fue”, expresó Jennifer Patricia Mercado, quien padece de ardor en la garganta.

Su vecina, según cuenta, también ha sufrido las consecuencias de la emanación de gases del volcán, pues le arden los ojos. “Tiene los ojos irritados”, señaló.

Vicente Hernández cultiva pitahayas y ha visto cómo el material volcánico se alojó en sus siembros, sin embargo a “las pitahayas no les pasa nada”, pese a que otros habitantes piensan lo contrario.

LA PRENSA visitó el centro de salud del municipio, pero estaba cerrado, porque el personal salió desde temprano hacia a Managua para “despedir” al comandante Tomás Borge.

Los pobladores lamentan que su salud sea desplazada por un político y aseguran que necesitan atención médica.

La encargada de farmacia del centro de salud Alejandro Calero, de La Concha, aseveró que la epidemióloga del Silais-Masaya visitó a las comunidades afectadas y constató que los pobladores se encuentran en “buen estado”. “Ahí no pasa nada”, señaló.

Por su parte Antonio Reynaldo Calero, líder de la comunidad, está afligido, pues lamenta que los médicos que llegaron al lugar solo hayan atendido a los miembros de los Consejos del Poder Ciudadano (CPC). “Necesitamos que nos den mascarillas y que nos indiquen qué debemos hacer ante una erupción”, apuntó.

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