Por: Amalia del Cid

Si le gusta el arte, la buena comida, el clima fresco y la historia, su destino es Ciudad Antigua. Este poblado de nombre pomposo es un lugar donde a uno le da la sensación de que el tiempo se detuvo, atrapado entre las paredes de las casas de adobe y taquezal.
Aquí se respira tranquilidad. Quién diría que este fue el escenario de las fechorías del famoso pirata Henry Morgan, cuando en 1654 invadió la ciudad y destruyó el templo y la plaza.
Pero ese no fue ni el primero ni el último ataque sufrido por este pueblo. Ciudad Antigua, cuyo nombre original es “La muy Noble Ciudad de los Caballeros”, fue blanco de piratas desde 1611 hasta 1789, narra el historiador Roque Toledo, nacido en ese pedazo de Las Segovias.
Cuenta don Roque que en 1781, después de que Rafaela Herrera venciera a los piratas ingleses a ellos se les ocurrió entrar al país por la ruta del Norte. Ocho años más tarde, ya cansada, la gente abandonó Ciudad Antigua de forma masiva y se fue a poblar San Antonio de Texas. Después de eso, en busca de pasto para el ganado, las personas migraron hacia una planicie cubierta de pinos. Y ahí apareció Ocotal, hoy día cabecera departamental de Nueva Segovia.

Por toda Ciudad Antigua hay vestigios de esos momentos históricos. Fue el mítico monseñor Nicolás Antonio Madrigal y García quien se encargó de recopilarlos.
El sacerdote dejó montones de inscripciones y hasta un museo religioso que contiene una colección de ruinas, estatuas, campanas, pinturas, túnicas y documentos.
Visitar Ciudad Antigua es regalarse la sensación de retroceder en el tiempo. Es un paréntesis en la rutina y un silencio entre el bullicio de la vida moderna. Emprenda la aventura. Después de conocer esta tierra llena de historia, puede dar una vuelta por el resto de Nueva Segovia. Dipilto, Jalapa y Ocotal aguardan con sus fincas, ríos, cafetales, rosquillas y burritos. ¿Usted qué está esperando?
Ver en la versión impresa las paginas: 16 y 17