El papel más viejo del mundo

En los Óscar de 1995, Whoopie Goldberg lanzó uno de sus chistes más celebrados sobre las actrices finalistas: “Sharon Stone: nominada por hacer de prostituta en Casino ; Elizabeth Sue, nominada por hacer de prostituta en Leaving Las Vegas ; Mira Sorvino, nominada por hacer de prostituta en Mighty Aphrodite . ¿Cuántas veces ha votado Charlie Sheen?”.

Por Mateo Sánchez EFE

En los Óscar de 1995, Whoopie Goldberg lanzó uno de sus chistes más celebrados sobre las actrices finalistas: “Sharon Stone: nominada por hacer de prostituta en Casino ; Elizabeth Sue, nominada por hacer de prostituta en Leaving Las Vegas ; Mira Sorvino, nominada por hacer de prostituta en Mighty Aphrodite . ¿Cuántas veces ha votado Charlie Sheen?”.

Tras el chiste, la realidad de que Hollywood ha contemplado las prostitutas desde innumerables perspectivas, bien sea como la mujer manipuladora y tramposa que interpretaba Stone, la trágica mujer sensible a la que encarnaba Sue o la ignorante y gritona de Sorvino, y que además gusta premiarles por esos papeles, puesto que sí le dio a esta última el Óscar.

Mirando el cuadro de honor de estos premios, se puede ya trazar una galería de lo más variada. La prostituta asesina que interpretó Charlize Theron en Monster , la inolvidable sosias de Veronica Lake a la que dio vida Kim Basinger en L.A. Confidential , la involuntaria heroína de la trama de Klute que le dio su primera estatuilla a Jane Fonda y la más convencional protagonista de Butterfield 8 interpretada por Elizabeth Taylor.

En puertas se quedaron otras adorables mujeres de la calle que, además conquistaron el corazón de los espectadores: la más popular, desde luego, es Pretty Woman , una especie de Cenicienta de las calles con las piernas y la sonrisa de Julia Roberts que es un clásico moderno, pero también es imposible no citar a la adorable Irma la Douce , interpretada por Shirley McLaine, y que con sus medias verdes y su perrita Coqueta volvía loco a Jack Lemmon.

Finalmente, Audrey Hepburn en Breakfast at Tiffany’s era tan descafeinada en la película de Blake Edwards que casi pasaba desapercibida su verdadera profesión, mostrada sin tapujos en el libro de Truman Capote.

En Europa, cuando en Hollywood todavía imperaba la censura, los lenguajes se abrían hacia el realismo de una profesión no precisamente glamorosa. En 1931, Marlene Dietrich saltaba a la fama desde Alemania como la cabaretera Lola-Lola de El ángel azul , que lleva a los infiernos a todo el que se le ponga por delante.

En Italia, el neorrealismo no podía dejar pasar el desgarro de esas mujeres que encontraron en la venta de su cuerpo un modo de supervivencia. Pasolini en Mamma Roma dio a Anna Magnani el papel de una madre que intenta evitar a toda costa, sin conseguirlo, que su hijo siga su periplo vital lleno de miserias.

Visconti en Rocco y sus hermanos utilizaba a la prostituta interpretada por Annie Giradot como uno de los detonantes del drama, defendiendo asimismo la ambición sentimental de las prostitutas. Fellini, a su manera, hizo lo propio en Las noches de Cabiria , donde regalaba a su mujer, Giulietta Masina, un vehículo para su lucimiento.

En Francia, Luis Buñuel mostraba casi por primera vez el sadomasoquismo en pantalla grande con Belle de Jour , en la que Catherine Deneuve satisfacía todas sus fantasías sexuales en su vida no oficial en una casa de citas. Un planteamiento que Hollywood no podía ni proponer en el año 1967.

Pero pronto Hollywood despertaría de su letargo moral, que le llevaba a limitar los papeles de prostituta a las comedias, el cine negro o a las cintas religiosas que no podían obviar a María Magdalena.

En 1969, un director británico llamado John Schlesinger ganaba el Óscar a la mejor película por Midnight Cowboy , convirtiéndose en el primer y hasta ahora único filme con calificación X en alzarse con tal honor. La razón: retrataba la prostitución masculina, ejercida por Dustin Hoffman y Jon Voight.

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