Por Edgard Rodríguez C.
El presente y el futuro de los Yanquis fue drásticamente golpeado ayer, cuando se informó que Michael Pineda, el potencial lanzador superestrella extraído desde Seattle, se perderá toda la actual temporada y parte de la próxima debido a un desgarre en el hombro.
Pineda, un gigantón derecho de 23 años (6’7 y 270 libras), capaz de envíos constantes a 97 y 98 millas por hora, parecía la pieza ideal en el staff de los Yanquis, que planeaban su transición hacia el futuro sin mayores traumas y con un lanzador joven, que produciría ahora y posteriormente.
En lugar de eso, los neoyorquinos ahora van a cruzar los dedos con una cirugía que podría ser compleja y de recuperación impredecible. Y mientras eso ocurre, Jesús Montero, la más preciada joya de sus sucursales, comienza a calentarse como el cuarto bate en Seattle.
Obtener a Pineda pareció una apuesta bien calculada. Los Yanquis sacrificaban a su mejor prospecto, pero a cambio conseguían a un tirador con un potencial excepcional. Ahora no saben qué es lo que tendrán, mientras la necesidad de brazos se vuelve más visible en el club.
Ha habido casos exitosos de operaciones similares a la de Pineda, que han vuelto al juego con éxito. Incluso mejores. Curt Schilling y Chris Carpenter son quizás los más emblemáticos. Pero también se falló tras cirugías con Brandon Webb, Ben Sheets y Jason Schmidt, entre otros.
Ahora, los Marineros no son culpables de lo sucedido. Cuando un equipo hace una movida de este tipo, realiza una revisión médica total, a pesar de que ahora se resalta el hecho de que Pineda registró 1-4 y 5.12 en la segunda mitad de campaña, tras un inicio al nivel de las expectativas.
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