Se vislumbraba que la verdadera oposición al régimen orteguista sería la tendencia liberal liderada por Eduardo Montealegre y la Bancada Democrática Nicaragüense, que con impidieron al frentismo y sus aliados del arnoldismo reformar la Constitución Política de la República y permitir la reelección legal de Daniel Ortega. Los diputados PLC no quisieron pagar el costo político de realizar la reforma junto al FSLN.
La Alianza PLI, con Fabio Gadea, Eduardo Montealegre y Maximino Rodríguez a la cabeza, aplastó las pretensiones del PLC y Arnoldo Alemán, uno de los alfiles más letales del orteguismo. El FSLN se vio obligado a cometer un fraude electoral, denunciado ante el mundo por los medios de comunicación independientes, como LA PRENSA, Radio Corporación, Canal 2, entre otros, que ejercen una oposición ética y cívica frente al autoritarismo y la corrupción del FSLN. Estas denuncias han traído consecuencias económicas al país que se cargan a la responsabilidad del gobierno.
Si la Alianza PLI no hubiere participado en las elecciones de noviembre, el arnoldismo estaría sentado en primera fila, como segunda fuerza y manteniendo la careta de opositor, un zancudismo legitimado. La derrota aplastante del PLC fue un precedente de que los traidores del pueblo y su democracia van a ser rechazados por el pueblo y es para Arnoldo Alemán una afrenta familiar, personal e histórica. Los liberales no somos borregos para revivir a un entreguista de nuestra libertad. Es una victoria de la verdadera oposición, el PLI, frente al aliado de Ortega, que se enemistó con el país paradigma de la democracia en el mundo, los Estados Unidos y ahora es amigo confeso de Hugo Chávez. Arnoldo Alemán es un orteguista más.
Con solo este hecho, para mi vale la pena haber aportado un grano de arena personal a la causa del PLI, como representante legal en Masaya. El gobierno de Ortega está deslegitimado por inconstitucional y fraudulento, todo por la actuación beligerante del PLI, aún con sus errores y debilidades. El principal benefactor de Ortega, Chávez y su proyecto regional, se enfrenta cara a cara con la muerte y han reducido su caudal de ayuda a Nicaragua, además, ahora enfrentan a una oposición venezolana unida para los comicios de octubre del presente año. Con todas estas variables y la precaria situación nacional, el frentismo no las tiene todas consigo.
De ganar en el presente año el Partido Republicano en los Estados Unidos, aumentará la presión política a Ortega y si el candidato resulta ser el ultraconservador, de fe mormona, Mitt Romney, un paladín de la libertad, tengan por seguro que la situación empeorará para el dictador del Alba. En Honduras, con Manuel Zelaya destituido por las fuerzas derechistas y el héroe Roberto Micheletti, sus seguidores amenazaron con una guerra armada para restituirlo y reelegirlo en el poder; sin embargo, los grupos zelayistas, izquierdistas patrocinados por el socialismo del siglo XXI y Hugo Chávez, comprendieron que en Centroamérica no hay condiciones para más guerras. En Nicaragua, el PLI y su dirigencia han comprendido cautelosamente de la necesidad de agotar el diálogo en lugar de la protesta violenta o la guerra fratricida.
El autor es abogado. Miembro de la Alianza PLI
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