Es evidente que algunas cosas no están bien en Ramón Flores, el destacado patrullero de Nueva Segovia, sobre quien pende un castigo.
Flores debería estar camino a convertirse en el mejor jugador del país. En lugar de eso, está en líos que pueden truncar su carrera.
Lo último que hizo fue, no salir del campo, a pesar que su mánager había decidido cambiarlo. Al final, su equipo perdió el juego por su culpa.
Flores es todavía un muchacho. Tiene 25 años y uno de los talentos más llamativos en el beisbol nacional. Es un jugador completo.
Y jugando para el equipo de su pueblo, Ocotal, Flores estaba respondiendo. Bateaba .384, con 10 jonrones y 27 remolques en 27 juegos.
No hace mucho, era prospecto de los Bravos, a quienes les gustó su velocidad, defensa, brazo y bateo capaz de reunir tacto y poder.
Pero de pronto, se vino de EE. UU. y no hubo forma de hacerlo volver. Atlanta no le había dado baja. Se unió a los Leones y no lo hizo mal aquí.
Pero era evidente que algo no estaba bien. ¿Quién deja una oportunidad de crecer en las Menores por venirse a participar a las ligas nicas?
Ahora se dice que además de no obedecer a su mánager, no solo era un buen ejemplo para los jóvenes del club, sino que los maltrataba.
Ramón no puede seguir así. Está desperdiciando sus mejores años, en vez de concentrarse para dejar un buen legado y ganarse el sustento.
Aún cuando puede ser objeto de una suspensión, tiene tiempo para corregir su senda y desarrollar el potencial que tiene, que es tremendo.
Flores incluso había desarrollado carrera como modelo, pero es evidente que perdió la ruta.
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