TATYANA LUNA
Vida
En nuestra cultura ser madrastra o padrastro tiene una connotación negativa, porque son catalogados como los malos de la película o los destruye hogares, sin embargo, lejos de esa concepción de historias de hadas, son personas que buscan la felicidad y compartir en un nuevo hogar.
Pero estar en los zapatos de ellos no es tan fácil, porque deben enfrentarse a ser aceptados por los hijos de la nueva pareja, como bien dice el dicho “el que quiere a la gallina debe querer a los pollitos”, aunque ese sea un reto que solo se supera con mucha paciencia.
Y es que los niños, casi siempre, sienten que será un sustituto de su padre o madre, y la situación se acentúa aún más cuando el proceso de divorcio fue complicado, afectando emocionalmente a los pequeños de la casa. Tanto así, que se sienten confundidos y añoran regresar a la vida que llevaban antes, y rechazando al nuevo integrante de la familia.
POCO A POCO
César Delgado, psicólogo clínico, recomienda no apresurar nada ni tampoco forzarlos, porque todo parte de un proceso de adecuación, que empieza con ganarse la confianza, luego la amistad, el cariño y respeto de los hijos.
Un aspecto a tomar en cuenta es que entre menos edad tienen los hijos, mejor será la aceptación y se crearán mejores relaciones, porque no están muy pendientes de los posibles mensajes negativos transmitidos por su expareja o la familia de estos.
“Tanto el padrastro como la madrastra no sustituye a nadie, porque lo que debe hacer es acompañar, velar, comprender y cuidar a los niños cuando se lo pidan. Y en el caso de la madrastra, debe saber tomar distancia porque habrá momentos que padre e hijos querrán estar en intimidad”, asevera Delgado.
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