Lo urgente no deja tiempo para lo importante. Cada vez que el invierno asoma la nariz, la Alcaldía de Managua apura las obras de mitigación para evitar en lo posible que la ciudad se inunde. Cauces y micropresas son el remedio a corto plazo. Sin embargo, no son la solución. Eso opina Edmundo Zúniga, ingeniero civil y presidente de la Asociación Nicaragüense de Ingenieros y Arquitectos (Ania).
A juicio de Zúniga, habría que diseñar un “plan maestro” para controlar las corrientes que parten de El Crucero, Ticuantepe y Nindirí y van a parar a las calles de Managua, que suele inundarse en menos de diez minutos de lluvia, y el Lago Xolotlán.
En el proyecto —apunta el especialista— tendrían que participar las alcaldías de esos municipios. Y, a fin de disminuir la velocidad del torrente para que cause menos daño al llegar a la capital, se tendrían que construir pequeñas presas y caídas de agua en la zona sur.
“No importa si eso se va a hacer en diez años o 20 años. Hay que hacer el plan. Y comenzar a trabajar ya. Y que la siguiente alcaldía siga trabajando en lo mismo. Lo que pasa es que aquí viene un nuevo gobierno municipal y comienza a inventar cosas”, señala Zúniga, quien fue viceministro de Construcción y Transporte en la gestión de Violeta Barrios.
Pero los señalamientos del ingeniero van más lejos. Según él, también es necesario reforestar la despalada zona sur, para que los árboles, como antes, tengan un efecto de amortiguamiento de las corrientes.
Además, considera que habría que estudiar el problema de las urbanizaciones que han aparecido a lo largo de la Carretera a Masaya. “Hacen repartos y las aguas pluviales las tiran en el primer cauce que encuentran”, se queja.
Al hacer todo eso, existiría mayor control y no se tendría que realizar tantos proyectos de evacuación del agua. “El problema es que la Alcaldía prefiere hacer obras en las que puedan colocar banderines y hacer inauguraciones”, lamenta el especialista.
Este año, Managua invertirá al menos 40 millones de córdobas en obras para mitigar las inundaciones.
Estudiar obras
El Cauce de El Dorado ha sido reparado en varias ocasiones. Eso se debe a que está mal construido, señala Zúniga.
Fue diseñado con una vuelta que casi forma una letra ele y el “agua jamás va a doblar en ángulo recto”, apunta el ingeniero. Esa peculiar forma causa que se forme una turbulencia, un torbellino que daña la estructura.
En este caso, el mal diseño de la obra salta a la vista; “habría que ver cómo están los demás”, dice Zúniga, quien considera necesario que el Gobierno haga una campaña masiva, con el mismo despliegue de sus campañas políticas, para que la gente deje de tirar basura en los cauces.

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