Por Wilder Pérez R.
El vientre de una tortuga puede dar unos cien córdobas en ganancias al año en huevos para dar de comer a depredadores humanos. Pero un grupo de tortuguillos, caminando hacia el mar, ofrece decenas de dólares en ganancias al año.
Esto fue comprobado en Pochomil, Pacífico de Nicaragua. Ahí, donde la gente vende como alimentos exóticos los huevos de tortuga paslama, un hotel se dedicó a protegerlos, y a ofrecer como parte de sus productos turísticos el avistamiento de tortuguillos tras nacer.
En tres años logró que 12,300 tortuguillos nacieran en sus playas desde 2009, y el impacto se tradujo en beneficios económicos.
Según Milton Camacho, asesor del Club de Jóvenes Ambientalistas, hay turistas que llegan desde Canadá en grupos a pasar varios días. Pagan el hotel, alquilan caballos y compran otros servicios a la población aledaña.
Moacyr Bittencourt, director regional de la Sociedad Mundial Protectora de Animales (WSPA), dijo que la protección de las tortugas en Nicaragua es un ejemplo internacional de sostenibilidad.
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