Edgard Rodríguez
Desde su amplia oficina ubicada en un tercer piso, a Félix M. López le basta con girar su silla hacia la derecha para observar los partidos, en el George Steinbrenner Field, el estadio de los Yanquis de Nueva York, para sus entrenamientos de primavera en Tampa, Florida.
López está casado con Jessica, hija del desaparecido dueño de los Yanquis, y es el directivo de más alto cargo en la organización, cuyo apellido no es Steinbrenner. Tiene el rango de senior vicepresidente y es el encargado de los asuntos internacionales del popular club de la Gran Manzana.
Su oficina, cuyo diseño está a la medida de un experto en ese ramo como es López, tiene además de sus modernos equipos tecnológicos, tres sillas del primer Yankee Stadium, inaugurado en 1923 y una serie de fotografía del directivo con figuras de dentro y fuera del campo de beisbol.
Pero lo mejor ahí, es el calor con el que López nos ha recibido. A través de Alex Cotto, asistente del director internacional de los Yanquis, hemos accedido hasta López, quien se deshace en atenciones y obsequios, mientras nos hace sentir en realidad parte de la familia, la de los Yanquis.
Después hemos observado partidos de los Yanquis ante los Azulejos y los Orioles, lo mismo que de los clubes de Ligas Menores que dan los toques finales a su preparación para el arduo trabajo que les espera en sus respectivos circuitos a través de este 2012, que llega con muchas ilusiones.
Esta gira por el campamento primaveral de los Yanquis, ha sido provechosa. Junto a mi compañero de expedición, Luis Sierra, de Colombia, hemos aprendido bastante sobre evaluación y preparación de talentos. También hemos observado al conjunto grande, en sus adiestramientos.
Hemos recibido lecciones de sencillez y humildad de parte de Mariano Rivera, de preparación de lanzadores con Nardi Contreras y de adiestramiento de receptores con Julio Mosquera, pero sobre todo, hemos sido tratados con esmero por Cotto, quien se dispuso totalmente para nosotros.
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