Bogotá/EFE
La iniciativa reúne a los gobernantes de los 34 países de la Organización de Estados Americanos (OEA), todos los del continente menos Cuba.
En la Cumbre de 2001, en Canadá, el principal resultado fue la introducción de la “cláusula democrática”, que indica que toda alteración o ruptura del orden democrático en un país es un “obstáculo insuperable” en su proceso de integración.
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El Gobierno de Colombia tiene el reto de hacer de la VI Cumbre de las Américas, que se realizará del 9 al 15 de abril, una cita con “resultados concretos” en materia social e integración, en la que además se pongan sobre la mesa asuntos espinosos como Cuba, Malvinas y políticas antidroga.
Y es que este país asegura que los mandatos surgidos de las anteriores cumbres nunca se cumplieron. “Por eso si sale un solo mandato, con plata, se hace”, indicó la canciller colombiana María Ángela Holguín, al informar de que son cinco temas los que se tratarán en la Cumbre: seguridad, acceso a las tecnologías, fenómenos naturales, reducción de la pobreza e inequidad, e integración física.
De cada uno de ellos habrá “un mandato concreto”, afirmó Holguín, al adelantar, como ejemplo, que en materia se seguridad se aprobará la creación de una red de información que contará con una financiación de entre cinco y seis millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
El Gobierno de Colombia ha garantizado una “declaración política” que obligará a los Estados a implementar políticas públicas con financiación asegurada.
Una vez resueltos los temas “oficiales” de la Cumbre, el reto de Colombia es poner sobre la mesa los asuntos espinosos, con el ánimo de debatirlos pero sin el compromiso de que vayan a ser incluidos en la declaración final, aunque sí en comunicados separados si hubiera acuerdo.
El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, ha aceptado abrir esos debates, siempre con el visto bueno de EE. UU., ya que si bien una buena parte de los países convocados no está de acuerdo con la Casa Blanca, nadie quiere que Barack Obama falte al encuentro.
La garantía del éxito de la Cumbre está en los buenos oficios de Santos, que de lograr sus objetivos saldría como un nuevo líder regional, capaz de sentar en la misma mesa a Estados Unidos y a los países de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (Alba), opositores a las doctrinas de la Casa Blanca.