Apawás es un territorio que estará bajo 30 metros de agua para el año 2016. Los solares de la gente quedarán en el fondo de una laguna artificial de cuatro kilómetros cuadrados. Pero los dueños no están tristes. Incluso a sus vecinos se les ve contentos, y no es por envidia. Todos están esperanzados en que el proyecto hidroeléctrico Tumarín les mejore la vida. Algunos tienen razones para el optimismo. A pesar de que la construcción de la represa todavía no inicia, los beneficios en la economía y energía ya se observan.

Wilder Pérez R.
En San Pedro del Norte, tan lejano en la montaña que no es posible hacer un viaje de un día por carretera, las antenas de televisión satelital dominan el paisaje. En La Estrella hay señal de telefonía celular, aunque todavía nadie tiene su aparato. La vida parece tan nueva, que los rótulos de gaseosas ni siquiera se han desteñido, a pesar del sol y la lluvia.
Ambos son los pueblos más cercanos al punto donde Centrales Hidroeléctricas de Nicaragua (CHN) construirán la represa Tumarín, sobre el río Grande de Matagalpa, en Apawás, Región Autónoma Atlántico Sur (RAAS).
Apenas tienen cinco meses de haber encendido un bombillo en casa por primera vez y ya no pueden vivir sin abanico.
Los chinamos, o caramancheles que venden de todo, antes solo aparecían los lunes y viernes en época seca. Hoy compraron una finca lotificada y, gracias al camino, asentaron más cerca de sus compradores.
“Ya no somos más chinamos, ahora somos Palma de San Antonio, y tenemos nuestro alcalde (líder)”, afirmó Julio César Rivas, uno de los comerciantes.
José Mariano González, finquero, cree que una carretera buena le hará vender el doble de ganado que antes.
Pero su peón Jesús García le replica: “A mí no me beneficia en nada”.
“Ah, pero tenés más cerca los chinamos, ahora te vas a perder todos los días”, contesta González entre risas.
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La gente que llega a caballo de lo más profundo de la montaña exige bebidas heladas. Hasta un mercado temporal se convirtió en un pueblo naciente en medio de una trocha convertida en camino de todo tiempo.
Todo, según ellos, gracias a Tumarín, el proyecto hidroeléctrico que promete ser el más grande de energía jamás construido en Nicaragua.
En realidad, Tumarín lleva dos años queriendo arrancar. “Papeleo, más que todo, papeleo”, explica rápidamente Roberto Abreu, gerente general de CHN, quien alquiló un helicóptero para hacer en un día el viaje hasta La Estrella, y mostrar lo que está y no está alrededor del proyecto.
Cuando en junio se ponga la primera piedra, si se cumplen las últimas estimaciones de CHN, se hablará de que se hizo con un año de retraso, que por fin los brasileños irán a la zona, que habrá que vigilar si realmente los pobladores serán beneficiados y otras estimaciones, pero más allá de las especulaciones en torno, cuando uno va a la zona del proyecto, observa que aunque el rezago de la construcción existe, los cambios en las comunidades vecinas no se hicieron esperar.
“Es que mire, yo le voy a decir, cuando este proyecto no estaba, todo era palmado, es que cuando la gente tiene sus rialitos, todo es diferente”, asegura Pedro Montenegro, un comerciante de La Estrella.
El dinero llegó porque CHN capacitó a 1,100 personas en carpintería, albañilería, alimentos, soldadura, ideas de negocio, entre otras ocupaciones.
José Rodríguez cuenta que una vecina suya ideó vender ropa usada. “Vio que le fue bien, y ahora vende ropa nueva”, afirmó.
“Claro, es que yo, por ejemplo, antes hacía un viaje en lancha a la semana (500 córdobas cada uno), ahora hago cuatro, porque acarreo material de construcción”, comenta José Manuel Urbina.
Construye CHN, pero también la gente. El hotel Los Corrales, en San Pedro, creció en seis cuartos.
“Aquí va a ser la capital energética de Nicaragua”, insiste Arnulfo Urrutia, responsable de la parte socioeconómica de CHN.
“Es que Tumarín es un proyecto integral, la gente dice que es un sueño, pero es una obligación, un proyecto se cae si dentro de un cerco tiene desarrollo y miseria afuera, los feudos no funcionan”, explica Abreu.
Gabriel Bello es un joven de la comunidad que será removida cuando la represa tome forma. A pesar de que no ha sido beneficiado en mucho, CHN lo cita para hablar con LA PRENSA. “No nos interesa esconder nada, en un momento vamos a decir lo que esto nos ha costado”, dice Abreu.
Al ser consultado sobre su situación, Bello responde: “Me iría a cortar café, pero quiero capacitarme y trabajar aquí”.
Tumarín y Apanás
Apanás, San Pedro del Norte y La Estrella, parecen un sitio encantado, donde todos sueñan con el proyecto Tumarín como si fuera una varita mágica hacia el progreso. Tanto encanto incluso genera temor, y así lo reconoce CHN.
Luis Gómez, responsable de Comunicaciones de CHN, asegura haber trabajado en Apanás, y explica sus razones para confiar en Tumarín.
Según Gómez, Apanás se construyó hace 50 años, sin ningún tipo de beneficios sociales. No obstante, el proyecto de 100 megavatios fue tan grande, que sus frutos extras a la energía eléctrica los dio con el tiempo: riego, turismo, pesca, entre otros. La idea de Tumarín es promover esos beneficios de forma inmediata. CHN construirá casa con todos los servicios básicos a los afectados de forma directa. Su base hasta podría convertirse en hotel, para aprovechar el turismo que esperan llegue de todo el país.
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