GUATEMALA/AFP
La propuesta de Guatemala de despenalizar la droga enfrenta resistencia en el istmo pero lleva a los presidentes a abrir hoy, en Antigua, el debate sobre una nueva estrategia contra el narcotráfico y a exigir a Washington que asuma responsabilidad en la violencia en la región.
19,000 asesinados se registraron en 2011 en Centroamérica, que junto a México forman un puente donde pasa el 90 por ciento de la cocaína que se consume en EE. UU.
40 homicidios por cada cien mil habitantes se registraron hasta el 2011 en la región más violenta del mundo: Centroamérica.
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El presidente guatemalteco Otto Pérez estimó que ya es un “éxito” el debate de un tema tabú, en una región plegada a la línea de Washington. Pero la propuesta de Pérez desconcertó a una Centroamérica volcada de cabeza en la “narcoguerra”, con todo y ejércitos desacreditados por los crímenes que cometieron en las guerras civiles de la última mitad del siglo pasado.
“Es incongruente que por un lado se proponga la despenalización y por otro se tiren al canasto de la basura las leyes contra el narcotráfico y delincuencia organizada logradas en los últimos años”, comentó el exministro de Gobernación de Guatemala, Carlos Menocal.
El desconcierto es mayor pues Centroamérica está enfocada en exigir a la comunidad internacional que desembolse 2,000 millones de dólares prometidos para una estrategia regional de seguridad lanzada en Guatemala en 2011.
El Salvador, Honduras, Panamá y Nicaragua rechazan la iniciativa de Pérez por estimar que convertirá a la región en “paraíso del consumo”; Costa Rica pide precisar su alcance.
“No necesariamente lo que propone Pérez es lo que hay que hacer, pero el debate busca que Estados Unidos voltee la cara para ver el problema que estamos teniendo debido a que no frena el consumo”, dijo el analista guatemalteco Carlos Zúñiga.
Álvaro Ramos, analista y exviceministro de Seguridad de Costa Rica, cree que Pérez logró desplazar la atención de Guatemala, sacudida por la violencia del cártel mexicano de Los Zetas, hacia el istmo, lo que, más allá de su intención real podría derivar en una respuesta regional.
“Hay cuatro vías: la clásica que responde a Washington y es un fracaso; la de Pérez; la de pasarle el sombrero a Estados Unidos y Europa, pero nunca nos van a dar la plata que necesitamos; y la de crear una estrategia regional como cuando estábamos en guerras civiles, que no obedeció a las grandes potencias pero avanzó en acuerdos de paz“, opinó.