“Soy feliz teniendo el maniquí y las telas. Es todo lo que muchas veces necesito para inspirarme. Pongo la tela sobre el maniquí y juego a ver qué formas y siluetas puedo darle”.

Carolina Trigueros

Como digna representante del buen gusto a la hora de vestir, Carolina nos recibe impecablemente arreglada pese a lo casual. Quiso sentirse lo más natural, cómoda y espontánea, “como en casa”, expresa.

Por Fátima Arellano

Fotos de Alfredo Zúñiga

Locación: Hotel Intercontinental Metrocentro

Como digna representante del buen gusto a la hora de vestir, Carolina nos recibe impecablemente arreglada pese a lo casual. Quiso sentirse lo más natural, cómoda y espontánea, “como en casa”, expresa.

Carolina Trigueros, 24 años, es una diseñadora costarricense que siempre tuvo claro lo que deseaba para su vida. Sabía que no sería sencillo, pero tenía todo para conseguirlo: talento, disciplina y mucha perseverancia.

“Desde chiquita quise estudiar diseño de modas. En Costa Rica esta industria es muy pequeña, pero a pesar de eso decidí estudiar la carrera. En la universidad tuve la oportunidad de participar en varios eventos, como por ejemplo, diseñar el traje a Miss Costa Rica en dos ocasiones”.

Nuestra bella tierra no le es del todo desconocida. Carolina ha venido en dos ocasiones, y aunque no de vacaciones, ha podido disfrutar del calor humano de los nicaragüenses. La primera vez fue hace tres años, para el Color Fashion Tour 2009 que lleva a cabo Protecto. Vino a presentar su colección y este año también, apoyada por la marca Cristel, para la que trabaja desde hace dos años.
Carolina nos relata que al finalizar su carrera, se fue a trabajar a Nueva York, donde hizo dos pasantías para dos compañías. “Apoyé muchas colecciones. Fue muy bonito porque hice todo lo relacionado a mi carrera. No fue fácil adaptarme, pero como era lo que siempre quise, puse todo de mí”.

A su regreso a Costa Rica, Carolina se vio en una disyuntiva: crear su propia marca, ya que la industria allá como bien nos dijo no es muy amplia, o regresar a Nueva York.
“Creé mi propia marca, Carola, y también se me presentó la oportunidad de trabajar con Cristel, una empresa ciento por ciento nacional. Tenemos varios proyectos que me encantan, porque vemos desde el concepto hasta el producto final. Vendemos por catálogo y nos va muy bien porque está dirigido a un buen segmento”.

Lo más difícil para Carolina es el concepto, ya que es todo un proceso, el cual implica sentar primero las ideas, poner todos los colores y que tenga una relación con el concepto.

En la oficina de esta joven diseñadora hay cabida para tres máquinas de coser, las cuales ella le solicitó a su jefe, ya que por muy extraño o poco peculiar que fuese, ella lo consideró imprescindible, ya que le gusta y apasiona velar por la calidad de sus diseños.
“Soy feliz teniendo el maniquí y las telas. Es todo lo que muchas veces necesito para inspirarme. Pongo la tela sobre el maniquí y juego a ver qué formas y siluetas puedo darle”.
Carolina recuerda que su primera colección no recibió el aprobado de las “ticas”, ya que los diseños que propuso fueron más acorde a las tendencias que había en Nueva York.

“Ese fue otro reto para mí: cautivar el gusto de las ticas. Yo diseñé prendas muy holgadas, pero la tica es muy de vestir ajustado porque le gusta marcar la silueta. La parte de blusa no gustó tanto como hubiera gustado en Nueva York. Ahora nos va muy bien y nuestra marca es aceptada”.

CHICA FASHION

Como toda niña juguetona, medio coqueta y muy femenina, a Carolina le encantaba ponerse los tacones de su mamá, así no le quedaran obviamente. Su personalidad es única. Siempre quiso ser diferente y tener su propio estilo, como pintarse las uñas dependiendo de su estado de humor. “Recuerdo que en el colegio nunca nadie se atrevió a llegar con las uñas pintadas y yo me las pinté en rojo. Eso causó mucha conmoción entre mis compañeros.

Desde entonces me encantan las pinturas de uñas. Pintarme las uñas es como mi sello. A como ande mi estado de humor, así me las pinto. Y no solo las uñas, porque si me siento triste, me pongo doble capa de maquillaje”.

Carolina se define simpática, divertida, creativa y muy independiente. Y el qué dirán, le importa muy poco.

“No necesito de alguien para ser feliz. Puedo ir a algún lugar sola a tomarme un café y estar feliz. Algo que también me caracteriza es que no vivo del qué dirán. Hago lo que me nace, y así soy en todo, como con las compras, si algo me gustó lo compro. Amo ir a los mercados, compro donde me guste, no tengo una tienda específica”.   

Ella, como diseñadora, reconoce que la imagen es muy importante, pero cuando está en su casa o va a diseñar, se pone lo más cómoda posible, lo cual no significa que se desarregle.

Es muy dinámica y lo que menos le gusta es perder el tiempo. Su día comienza desde las cinco de la mañana, pues a las siete ya tiene que estar en el trabajo y le lleva una hora de viaje que hace gustosa porque no ve como deber lo que considera el eje de su vida.
Carolina se despidió con un hasta pronto. Esta vez, pudo pasar cinco días en nuestro país, tiempo que aprovechó para conocer Granada, la playa de Pochomil y algunos restaurantes.

“La atención ha sido muy buena, y la agradezco. Me encanta el clima y sobre todo la comida, ya que me llevo muy buenos sabores”.

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