El aumento en el costo del pasaje obligará a muchos nicaragüenses a replantear sus presupuestos. LA PRENSA/L.E. MARTÍNEZ

Un golpe al bolsillo que repica en el estómago

En una esquina de ese hormiguero, que es la terminal del mercado Mayoreo, Valeska Canales, de 17 años, sacaba cuentas al aire. Acababa de enterarse de que los pasajes interurbanos subieron y que ahora, para viajar de Managua a Matagalpa debe pagar 10 córdobas más; así que inventaba una estrategia para redistribuir su breve presupuesto de estudiante universitaria. No habrá más taxis, y quizá tampoco desayunos, concluyó.

En una esquina de ese hormiguero, que es la terminal del mercado Mayoreo, Valeska Canales, de 17 años, sacaba cuentas al aire. Acababa de enterarse de que los pasajes interurbanos subieron y que ahora, para viajar de Managua a Matagalpa debe pagar 10 córdobas más; así que inventaba una estrategia para redistribuir su breve presupuesto de estudiante universitaria. No habrá más taxis, y quizá tampoco desayunos, concluyó.

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  • córdobas cuesta la canasta básica familiar, después del incremento de 432 córdobas reportado este mes, según el Instituto Nacional de Defensa del Consumidor. En las últimas 12 semanas ha habido alzas en varios rubros.

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Ella es solo una unidad entre los nicaragüenses afectados por el más reciente reajuste tarifario del transporte intermunicipal, aplicado desde ayer sábado.

Los disgustos comenzaron temprano, cuando los pasajeros intentaban comprar boletos al precio que estos tenían hace dos días. Después de una cara de susto, venía la pregunta de rigor: “¿Subió el pasaje?”, a pesar de que fue anunciado a principios de la semana.

En los buses también hubo protestas, sobre todo en los que se movilizaban personas que acostumbran viajar con frecuencia.

Al grito de “¡el pasaje!”, ese llamado que hace levantar cabezas y abrir carteras, pasajeros que ayer en la mañana se dirigían de Managua a Diriamba prepararon 23 córdobas para pagar. Hasta en ese momento se enteraron de que necesitaban cuatro córdobas más.

“¡Cuatro de un solo!”, se quejó el hombre que cargaba a un bebé. “¿Por qué nadie dice nada?”, preguntó un jovencito que todo el camino había estado mandando mensajes por su celular. “Es que los nicaragüenses estamos acostumbrados a aguantar el pencazo y solo nos ponemos a reír”, respondió Franklin Mayorga, comerciante de zapatos.

Pero Mayorga no se estaba riendo cuando dijo eso. Su situación no es graciosa. Por su trabajo tiene que viajar todos los días hacia algún rincón de Nicaragua. Y de perenne envía cajas cuyo pasaje vale lo mismo que el de una persona.

A veces tiene que mandar hasta 22 cajas. ¿Cómo va a hacer para cubrir los costos del transporte? Ni modo, dice, le voy a subir a los zapatos.

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