Julio Portocarrero Arancibia
A simple vista son dos chavalos que viven la primavera de la adolescencia. Parecen hermanos pero no lo son. Tienen muchos sueños que esperan realizar en su futuro, pero no muy bien definidos todavía.
Se ríen, platican. Él quiere estudiar Relaciones Internacionales “para viajar”. En cambio ella espera ser una buena profesional de la psicología, aunque ahora estudia idiomas. Está reforzando su inglés, en Wall Street, y además estudia italiano en Dante Alighiere.
Gabriel Herrera tiene 16 años, uno menos que ella. -¿Son novios? -¡No! “Somos amigos, yo tengo mi novio”, comenta Mónica Balladares un poco seria.
¿Algo en común? Su amor por la marimba.
¡ERASE UNA VEZ!
Ella tomó la decisión y lo invitó a que aprendiera a tocar la marimba. “Al comienzo no me gustaba, pero poco a poco me fue gustando”, comenta él.
Y es que la marimba es un instrumento que casi nadie toca en los días de la electrónica, pero es parte de la historia musical de Nicaragua.
“A través de este instrumento me expreso como persona, es una manera de aislarme, concentrarme, y alejarme del estrés”, señala él, y afirma que no encuentra las palabras adecuadas para expresar la relación que tiene con la marimba.
Hasta el momento se han presentado en algunos eventos en el Teatro Nacional Rubén Darío, el Colegio Altamar, el Centroamérica, el Teresiano, el Hotel Seminole, el Holiday Inn y en Galerías Santo Domingo. “Siempre antes de presentarnos hay nervios y emoción al mismo tiempo”, cuentan estos dos jóvenes.
Además hasta han creado su propio mix que está compuesto por tres piezas musicales representativas: Sonrisas, la Cumbia Chinandegana y el Manicero.
¡LO MÁS DIVERTIDO!
“Un día nos colocaron muy cerca de las teclas el micrófono —antes de una presentación— y mientras estábamos ensayando le pegamos a este con los bolillos”, expresan entre risas estos chavalos que los sábados asisten a la Escuela de Marimba Flavio Galo.
ADEMÁS…
En su tiempo libre ella sale con su novio, va al cine y come con sus amigos. A semejanza de ella, él visita los fines de semana a sus amigos, algunas veces va a las discos y toca la guitarra. “Pero casi no tiene tiempo, pues solo pasa estudiando”, añade Ileana Cuadra, su mamá.
Para ella el apoyo de los padres hacia los hijos es muy importante. “Con la marimba mi hijo expresa sus emociones, a veces arrechuras, otras tantas alegrías”.
“Estoy consciente de que su gusto no es el mío, por eso lo apoyo en todo lo que sea sano, productivo y de aprendizaje”. agrega la mamá.
Una mirada fija bastó para que se coordinaran. Toman en sus manos los bolillos y de las teclas brota música que encaja bien con el ambiente. Se transportan. Hay silencio. Y una sonrisa que refleja libertad, pasión y entrega, se pinta en el rostro de Mónica Balladares y Gabriel Herrera.