Félix Rivera
El hecho que la cooperante japonesa Fumi Yamamoto regrese a su Tokio natal, después de dos años y medio de trabajo en el programa de control y erradicación del mal de Chagas, no quiere decir que la cooperación terminó.
“La cooperación continuará y pronto vendrá la que me deberá relevar a mí”, sostuvo al despedirse de Jinotega.
Graduada en la carrera de Relaciones Internacionales, Yamamoto trabajó como promotora en los programas de Epidemiología del Silais Jinotega, la Casa Materna y el Control y Erradicación del Mal de Chagas, programa apoyado por la Cooperación Japonesa —de cinco años de duración— en los departamentos de Jinotega, Matagalpa, Estelí, Madriz y Nueva Segovia.
El programa tiene una inyección de cuatro millones de dólares. Actualmente lleva dos años y tres meses de ejecución.
“Voy a extrañar mucho a la gente de Jinotega. Es una gente muy amable y hospitalaria. Ya me acostumbré a vivir en este lugar y en esta ciudad tranquila, rodeada de montañas y del mejor clima del país, pero también en mi país mis familiares me esperan”, señaló.
El mal de Chagas es transmitido cuando un chinche pica a una persona y si esta no se trata a tiempo, al cabo de unos seis meses, órganos vitales del cuerpo humano, como el hígado, bazo, corazón o riñones son afectados y esto puede causar la muerte. En el 2010, una niña de La Rinconada, comunidad del oeste de La Concordia, fue el primer caso diagnosticado. La pequeña estuvo hospitalizada y logró salvarse.
En el 2011, una joven de 18 años, embarazada, del barrio Diriangén, municipio de Jinotega, resultó afectada. La joven madre actualmente está en tratamiento. Un tercer caso fue reportado de La Concordia y la mujer ya está en tratamiento.
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