Vida en Marte

por Webmaster La Prensa

Por Juan Carlos Ampié

Puede parecer que el cine juvenil ha conquistado el mundo. Franquicias de súper héroes, filmes inspirados en juguetes, extravagancias de acción y efectos especiales colman la cartelera. Pero más que triunfar, el género se ha corrompido. En su afán por seducir a las nuevas generaciones y conservar a un público en proceso de madurez, los realizadores contaminan las aguas con violencia y misoginia. La feroz competencia entre los grandes estudios de Hollywood ha reducido la creatividad a un asunto presupuestario. Cada centavo debe verse en la pantalla. El marketing es ahora un deporte de espectador.

“John Carter” es víctima de ese escenario. Disney ha cometido la osadía de invertir US$$250 millones en una adaptación de un libro de Edgar Rice Burroughs, y no en un juego de vídeo. El director, Andrew Stanton, es veterano de Pixar y ganador de Premios Óscar por Buscando a Nemo y Wall*E , pero es visto como un “novato” en las lides del ejercicio taquillero. El protagonista Taylor Kitsch ha cumplido su tarea con papeles secundarios en Snakes on a Plane y X -Men Origines: Wolverine , pero es considerado un peso liviano frente a “estrellas” como Vin Diesel o The Rock. La prensa del espectáculo se relame esperando un estrepitoso fracaso. Pues no podría pasarle a una película más simpática. “John Carter” rescata el cine de aventuras del cinismo moderno.

El joven Edgar Rice Burroughs acude al lecho de muerte de su tío John, pero llega muy tarde. Parte de su legado incluye un diario. Su lectura nos traslada a la postguerra civil de EE. UU. John, un notable soldado, apenas sobrevive al trauma de perder a su esposa e hija. Evita tomar bando en el enfrentamiento entre blancos e indios, y se dedica a buscar oro. Huyendo de una violenta escaramuza, se refugia en una caverna que contiene extraños jeroglíficos. La aparición de un extraño visitante deriva en una pelea. Al hacer contacto con un medallón que el sujeto porta, John se traslada al planeta Marte, donde tendrá que tomar partido en una guerra civil de corte estelar: los nobles de Helium son atacados por los belicosos de Zodanga, azuzados por los omniscientes Thern, quienes dominan Marte, que realmente se llama Barzoom, mientras los salvajes Tharks…

Sí. Hay dos planetas, tres tiempos y una rebuscada mitología, cuyos parámetros se plantean en una tortuosa locución inicial. Destellos de diálogos expositivos aparecen de vez en cuando —en la primera aparición de la Princesa Dejah Thoris (Lynn Collins)—, los realizadores tienen el buen sentido de burlarse de esta convención. Pero bajo la verborrea hay una historia básica de redención personal, dispensada con genuino vigor narrativo. Las secuencias de acción se ejecutan al servicio de una historia mayor, y no como “eventos” que detienen el tráfico, creados pensando en el tráiler promocional.

La película no es perfecta, pero hasta las debilidades inspiran afecto. Su estética kitsch —como adjetivo, no como apellido— es congruente con las ilustraciones aplicadas a los escritos de Burroughs. Y si cree que se copia de Star Wars, sepa que más bien las novelas originales, que datan de principios de siglo XX, inspiraron a George Lucas, sus antecesores y predecesores. Además, la película termina en una nota perfecta. No hay nada que yo respete más que un buen final. Si van a tomar en serio a la gente-gato de Avatar y a los camiones-robots de Transformer , no hay excusa para no darle un chance a “John Carter”. Tiene calibre de matiné, y lo digo como un cumplido.

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