Auxiliadora Rosales
Me han dicho que desde pequeña usted siempre soñó con pintar, pero que fue hasta el 2006 que logró su objetivo. ¿Cómo se involucró con este arte?
Siempre tuve esa inquietud. Cuando tenía 5 años, las monjas del colegio miraban mi talento, a mí me encantaba. Creo que esto de pintar nos viene por parte de la familia Alonso, siempre miraba rostros de personas en el piso de mi casa que es de granito, también en el cielo y los hacía en carboncillo.
Cuando me casé quise ir a la Escuela de Bellas Artes, pero se hacía mucho desnudo con modelos vivos y pensé que eso no le gustaría a mi esposo, quien era muy conservador. Fue hasta un año después de su muerte, en el 2006, que mis hijos me regalaron un kit completo con todo lo necesario para pintar, desde pinceles, telas, caballete, pinturas. Al año siguiente inicié mis clases con el profesor Reynaldo Hernández, las cuales perduran hasta hoy.
Su pintura es realista y muy variada, tiene naturaleza muerta, paisajes, desnudos, escenas familiares, pero ¿qué es lo que más le gusta pintar?
Me encantan los rostros, creo que es lo que mejor hago, sobre todo el del papa Juan Pablo II, que será una de las obras que estará en esta exposición. He pintado retratos de mi esposo y mis nietos, y uno muy lindo que es un retrato familiar en donde estoy con mis hijos y mi esposo Eduardo Montiel Argüello.
¿Qué ha sido la pintura en su vida?
En mi vida ha sido una terapia que me hace olvidar cualquier cosa. Cuando pinto estoy en ese mundo especial que hasta me incomoda si me pasan una llamada telefónica porque pierdo la inspiración, me desconcentra totalmente.