Por Fátima Arellano. Fotos de Alfredo Zúniga.
Sobre una Harley Davidson, modelo V-Rod año 2003, Martha luce espectacular, poderosa, casi invencible.
Con su atuendo completamente negro, compuesto por pantalón, camisa, chaleco, guantes, bandana, canguro, pañuelo, botas, casco, lentes oscuros y faja Harley, ella impone respeto y distinción, y no es para menos.
Su pasión por las motos surge desde su niñez. Ella recuerda que le pedía prestadas las minimotos a sus vecinos o amistades para correr por las calles de su cuadra. Las motos nunca le produjeron temor, al contrario, eran su mejor refugio y aún lo siguen siendo.
Martha nació con ese espíritu motociclista. Nunca le importó que la catalogaran de “marimacho”, ni se permitió restricciones de ninguna índole. Para ella no hay reglas ni límites cuando se trata de vivir lo que desea.
Sus padres tampoco vieron mal que a ella le gustaran las motos y a los 13 años le obsequiaron su primera Honda 125, todo un sueño hecho realidad.
Desde aquella primera Honda 125 han transcurrido muchos años, incluso modelos de motos, como una Suzuki Intruder que compró a los 18 años. Ahora Martha tiene 48 años y desde el 2003 posee una Harley Davidson V-Rod, toda una reliquia, según ella, porque ya no están fabricando ese modelo sport.
“A la edad de 18 años mis padres nos llevaron a vivir a los Estados Unidos, ahí comenzó otra etapa en mi vida. Tuvimos que trabajar y estudiar y eso implicó que la pasión por la moto la tuviera que dejar por un momento. Pero en cuanto tuve los recursos económicos me compré una Suzuki Intruder 600. Allá, en los Estados Unidos es común ver a las mujeres conducir motos, no es solo pasión masculina. Allá no hay ese estereotipo, pero acá sí”, expresa Martha.
Esta harlera hizo realidad su más grande sueño y anhelo cuando compró su actual moto Harley Davidson. Un sueño por el cual siempre trabajó, se esforzó y sacrificó para hacer realidad, porque poseer una implica cierto status económico que muchos solo pueden alcanzar en una edad ya avanzada.
“Con el 100 aniversario de la Harley, en el 2003, salió el modelo V-Rod 1200. En cuanto la vi me maravillé y me prometí comprarla. Ahora quiero comprarme otra, la Fat Boy 1700, pero siempre conservaré tal cual la V-Rod. Tener una Harley y mantenerla no es barato, hay que invertir mucho dinero, desde los accesorios hasta el combustible. Solo la mía hace de 35 a 40 km por galón y nuestras giras son largas”.
Sobre la marcha el peso de las motos no se siente, pues prevalece la adrenalina y la velocidad. “Mi Harley pesa 700 libras y solo la siento cuando tengo que estacionarla en caminos inclinados. Si voy de retroceso, generalmente tengo que pedir ayuda, pero lo bueno es que hago bastante ejercicio con las piernas para poderla manejar”.
Y si poseer una Harley es un estilo de vida, lo es más formar parte del Club Los Pistones, el cual se fundó en el año 2000 por un grupo de amigos motociclistas. Lo primero a tomar en cuenta para ingresar es tener una moto de 750 cc, lo mínimo para el tipo de giras que realizan. De igual manera, la junta directiva evalúa por tres meses el comportamiento del aspirante, ya que ante todo, cuidan su imagen y prestigio. La inscripción tiene un costo de 200 dólares y mensual se paga 20 dólares para costear mantenimiento y apoyo.
“Yo deseo romper con el esquema negativo que se tiene sobre nosotros. Las personas creen que somos vagos por andar en moto y vestirnos de negro o cuero. La verdad es que somos un club muy unido, por eso siempre andamos juntos. Todos los sábados nos reunimos para programar nuestras actividades. Del club, yo soy la tesorera. Tenemos una junta directiva y todo se hace con mucho orden y organización. Nosotros somos los anfitriones de las fiestas y eventos que organizamos. Somos el club número uno en Nicaragua y somos los que le damos la bienvenida a todos los bikers. Los Pistones RC hacemos obras benéficas, apoyamos el Hogar Pajarito Azul, los asilos de ancianos, el Hospital La Mascota, y le damos regalos y/o comida a los niños y madres de escasos recursos que pasan por la tienda. Y lo que más nos enorgullece es que promovemos el turismo de nuestro bello país”.
La Harley Davidson de Martha le da todo lo que ella necesita para sentirse completamente libre y plena. Para ella no solo es un deporte y un hobby, sino toda su vida.
“Para mí lo es todo. La moto te da una sensación de libertad impresionante. Cuando quiero desconectarme del mundo, de los problemas y del estrés, solo agarro mi moto y me voy. Me gusta mucho pasear por El Crucero. Desde que me estoy vistiendo, me desconecto del mundo y adquiero otro nivel. Vas y hay libertad y pasión. Cuando ando en mi Harley soy la dueña del mundo”.
Martha Jerez estuvo casada por 10 años. Desde 1995 está divorciada y no ha rehecho su vida, aunque no descarta la posibilidad. Es madre de dos hijos: Alex Zamora, de 26 años, y Diana Zamora, de 23, quienes ya la hicieron abuela de dos preciosas niñas: Alexxa y Audrina.
“Me considero una mujer plena porque realizo todo lo que me gusta. Soy feliz al lado de mis hijos y nietas, ellos son mi mayor orgullo y satisfacción. Mi familia me comprende y apoya, pues saben que para educarlos hice muchos sacrificios. Ahora ya nada me impide andar en mi moto. Realizo asesoría administrativa privada e independiente, lo cual me permite administrar mi propio tiempo y sentirme siempre la dueña del mundo”.


