Edgard Rodríguez
Thomas Huxley, biólogo y educador inglés, decía que “el resultado más importante de la educación es desarrollar la habilidad de hacerte hacer eso que tienes que hacer, cuando tienes que hacerlo, te guste o no”.
Y Huxley lamentaba que pese a que el entrenamiento del ser humano comienza temprano, por lo general, el llegar a tener esa disciplina de hacer lo correcto bajo cualquier circunstancia, es lo último que aprendemos.
De otro modo, no habría tantas reglas para nuestra coexistencia porque todos sabríamos hacer lo correcto. Y eso implica, respetarnos. Pero no es así, de modo que las reglas son las que ayudan a sobrellevar las diferencias.
Y trayendo esto al beisbol, los mánagers deberían saber que no pueden abusar del brazo de un lanzador, porque perdería efectividad, y peor aún, se lastimaría y no podría continuar en el juego. Eso debería saberse, pero no.
Y el problema en nuestro país, es que los abusos han sido tan severos que se estableció una regla con castigos severos también. Pero quizá esa no sea la solución. Debería ser tener conciencia del daño que se causa.
Entonces, la regla del picheo sacaba de la liga a los mánagers que la violaban. Eso era desproporcionado. Porque el propósito del castigo debería ser la prevención del error, no la anulación tras la falta cometida.
Por fortuna, el infractor de la regla fue Roberto Espino, un hombre de bien, y la Comisión del Beisbol, en una actitud correcta, corrigió el exceso en el castigo.
Así que la lección es: uno, los antecedentes buenos o malos, cuentan. Te sostienen o te hunden. Y dos, aunque sea una regla, si está mal elaborada, debe cambiarse.
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