Nectalí Mora Zeledón
Se llama Henry García. El pequeño gigante, mide 1.55 metros, del barrio Santa Ana Norte. Anoche, se robó el corazón de los pocos aficionados que llegaron al Estadio Nacional de Futbol de Managua. Algunos lo querían conocer y Enrique Llena se los presentó.
Mañana, la Selección Nacional jugará el segundo partido ante Puerto Rico, a las 3:00 p.m., siempre en el Estadio Nacional de Futbol ubicado en la UNAN-Managua.
[/doap_box]
Lo hizo debutar al minuto 83. Y cinco minutos después le abrió el camino al gol a la Selección Nacional de Futbol que se impuso 1-0 ante Puerto Rico, en un duelo amistoso.
Samuel Wilson (83) salió y entró García. El público se levantó y aplaudió. No se sabe si era a Wilson o Henry García, quien entró en su lugar. Pero seguro la ovación fue para el delantero del Real Estelí. Al pequeño gigante del barrio Santa Ana no todos lo conocían, hasta ayer.
Wilson conquistó las palmas de los aficionados por su trabajo en la segunda parte. Se hizo cargo de la ofensiva Azul y Blanco, desde el minuto 37 en que Juan Barrera fue expulsado por la segunda tarjeta amarilla por un codazo al puertorriqueño Álvaro Betancourt.
A pesar que Nicaragua estaba con un jugador menos, no se notó. Puerto Rico no exigió. Se ve que le falta más ritmo y un jugador diferente. En cambios la Azul y Blanco tiene varios atletas con presencia, Henry García es uno. Él cambió la cara del equipo.
Raúl Leguías (1’) no cazó un centro raso cerca del área y el árbitro Franklin Jarquín le perdonó un penal a Máximo Gámez sobre Christopher Megaloudis (8’). Ahí la historia, tal vez hubiera cambiado. No fue así hasta que entró García.
El volante del Juventus cambió el juego en cinco minutos. No se llenó de gloria porque no es generoso. Combinó consecutivamente con Axel Villanueva y Marcos Méndez (75’), que pudo abrir el marcador.
Tras la jugada, García quedó con ángulo para disparar al marco, pero se la cedió a Ricardo Vega (88’), sin marca. Escogió bien. Hizo lo que le pidió el martes Llena en la práctica, “centra”. Por eso los aficionados al finalizar el partido, gritaron su nombre: ¡Henry, Henry! Su humildad y generosidad los conquistó.
Ver en la versión impresa las páginas: 12 B