La Refinería

“…nuestro lenguaje, forjado en la oscuridad por centurias de violenta/presión, soterrado, de la materia de vida muerta”.

Robert Pinsky

“…nuestro lenguaje, forjado en la oscuridad por centurias de violenta/presión, soterrado, de la materia de vida muerta”.

Sedientos y lánguidos luego de su largo dormir negro

los viejos dioses canturreaban y barajeaban y sacudían/

sus cabezas.

Seco, seco. Por tren partieron,

a través del desierto de estrellas, a beber el mundo

nuestras bocas se habían empapado

de las frases extrañas que nosotros construimos

mientras ellos dormían: teñidas de polen

un limo de pasión y una deslizada intención, cuyo imaginado

sabor hizo que las divinidades salvajes silbaran y roncaran.

En los carruajes sin luz, un olor de serpiente

y piel tosca, glándulas de aliento sin linfas

y la sangre suprema, el tufo ávido

de los cuerpos inmortales.

El largo tren daba chasquidos y suspiraba

por los golfos de la noche entre los planetas

y descendió por la niebla vespertina

de los cañones de las secuoyas. Desde el tren

en la caída del sol, ventanas ardientes de bodegas

a lo largo del muelle. Luego el crepúsculo, un tajo de neón: bar.

Bosque de pinos negros, un cruce, vistazos

de un oleaje perezoso entre las rocas, un quejido

de una divinidad olvidada soñolienta, llamando y /palideciendo

contra las ventanas de un pueblo. Dentro

el tren, un flash

de alas de dragón, el asta de una ceja.

Noche negra de nuevo, y entonces

después del puente, un palacio sobre el agua

la Gran Refinería-ciudad imposible de luces

un millón de lámparas trazando sus guarnecidos

bulevares y laberintos. El castillo de una persona

declarada con vida, la Corporación: un ficticio

Lord real ante la Ley.

Barbacanas y antorchas

a lo largo del costado donde la máquina dilata

en los tanques centrales, una sala

de acantilados de acero, envalvulados e iluminados.

Los dioses gruñones

ávaramente penetran esos pabellones brillantes

libación de Benzina, Naftalina, Asfalto,

Gasolina, alquitrán; sílabas

fraccionadas y agrietadas del inarticulado

crudo, la sucia mazmorra de vida que se alimenta

de sí misma en la oscuridad alquitranada donde los dioses

eran nuevos –incomibles, volátiles

y sublimados de nuevo para picar

nuestras lenguas que lo usan, refinado del aceite de la piedra.

Los dioses batidos en los estanques, y beben

gemidos de amor y un Chaucer memorizado,/

frases de las películas,

canciones amontonadas en mortmain: embrujos de exilios,

las alquilinas o desesperadas destilaciones de aliento,

empapado, fermentado, agotado

como si fuéramos sus ganados o sus abejas

que diseñaron un monstruo de dulzura para ellos mientras dormitaban.

[Traducción de Luis Alberto Ambroggio]

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