En el camino de la vida, cada uno hace su cielo o su propio infierno. Tenemos continuas oportunidades y relaciones que nos hacen crecer o quedarnos estancados. Hay compañías que te conducen a ser mejor y otras te llevan a los malos pasos, a los vicios.
Chavelo Pito es un hombre inteligente, capaz, amistoso dicen sus amigos que es cable pelado Desde un tiempo es más vago, toma más, se tira su pito Todos en su casa: la abuela, el papá, la mamá, el hermano, el sobrino, el padrino, el vecino, la exnovia, el padre, sus amigos le aconsejan, parece imposible Lo hemos llevado a retiro, a grupos de oración, le conseguimos trabajo, hasta casi lo bañamos en agua bendita y nada, no hay manera que deje el vicio.
Pero un día de estos me encontré a Chavelo Pito en la capilla del Santísimo, al verme se levantó y llorando me expresaba “quiero cambiar, admito que la vida que llevo no es vida, daño a mis seres queridos y estoy destruyéndome”.
Tome la Biblia y busqué el Evangelio de San Marcos 1,40-41 y juntos lo leímos: “Se le acercó un leproso, que se arrodilló ante él y le suplicó: ‘Si tú quieres, puedes limpiarme’. Sintiendo compasión, Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: ‘Quiero, queda limpio’”. Y le compartía que solo la fe en Jesús podría devolverle la vida perdida, la capacidad de hacer el bien.
Le preguntaba si creía que Jesús era poderoso y me decía que sí. ¿Crees que puede sanarte?, sí, me respondía, pero entonces le dije: “Si tú no quieres, Él no puede hacerlo”. Y vino la pregunta del millón: “¿Quieres pedírselo?” Y Chavelo Pito por fin quiso.
Sin temor, fuimos compartiendo como ha ido de mal en peor en su vida personal, familiar, con sus amigos. Admitió su dependencia al alcohol, a las drogas le pedimos a Dios de corazón el ver todas y cada una de sus faltas. Con la verdadera disposición de poner de su parte, de apartarse de todo el ambiente, las malas compañías y sitios que le destruyeron. Entonces de rodillas, oramos con el Salmo 50,3-6.12: “Ten piedad de mí, oh Dios, en tu bondad, por tu gran corazón, borra mi falta. Que mi alma quede limpia de malicia, purifícame tú de mi pecado. Pues mi falta yo bien la conozco y mi pecado está siempre ante mí; contra ti, contra ti solo pequé, lo que es malo a tus ojos yo lo hice. Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un firme espíritu”.
Hicimos una lista de todas aquellas personas a quienes había hecho daño y tomamos el compromiso de salir de la capilla a su casa Cuando llegamos, de casualidad estaban todos viendo el juego entre el Barsa y el Madrid y pidió perdón a cada uno, todos se admiraban y les parecía mentira lo que escuchaban, y gol mis hermanos, nos unimos todos en una acción de gracias, pidiéndole al Señor que este sea el inicio de una nueva vida. Y para qué les cuento más, es otra persona, otro hombre. El autor es sacerdote y párroco de Villa Sandino, Chontales.
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