Espejo de un artista

“Yo siento que he cumplido el papel que me tocó vivir, el de gran amante, tuve la oportunidad de vivir con locura, extraordinaria vitalidad y pasión por la vida”, confiesa Francisco de Asís Fernández, presidente del Festival Internacional de Poesía de Granada, que por siete años ha estado en los escenarios de la poesía ininterrumpidamente.

Arnulfo Agüero

“Yo siento que he cumplido el papel que me tocó vivir, el de gran amante, tuve la oportunidad de vivir con locura, extraordinaria vitalidad y pasión por la vida”, confiesa Francisco de Asís Fernández, presidente del Festival Internacional de Poesía de Granada, que por siete años ha estado en los escenarios de la poesía ininterrumpidamente.

Según el poeta, autor de Espejo de artista y Crimen perfecto, su exceso de vitalidad, su idealización y su poesía lo hizo ser el gran amante. “Eso alimentó mi vida, mi juventud desordenada y ahora alimenta mi tranquilidad”, dice entre sonrisas, anteponiéndose así a su precario estado de salud y depresiones con las que lucha a diario y viene marcando el espíritu actual de su escritura.

Francisco de Asís también es autor del poemario Granada: infierno y cielo de mi imaginación , homenaje a su ciudad y familia. Granada que considera uno de sus amores.

¿Qué novedades tenemos en la VII edición de este festival?

Una metáfora muy acertada de Pablo
Antonio Cuadra, que habla de
Joaquín Pasos, dice que el poeta
debe ser como el minero para encontrar
esa piedra”.     Francisco de Asís Fernández, escritor.

La principal novedad de cada festival son los nuevos poetas que vienen y los nuevos países que se incorporan a este informe anual de la poesía del mundo, y que mide el estado de la literatura y el alma del hombre. Participan en este evento 120 poetas de 54 países.

Pueden haber sus cambios en cada uno de los formatos y puesta en escena del festival, también está el drama humano que se cuenta en la poesía de los países de África, Asia, Europa, Oceanía, América, escrita por los poetas de todos estos continentes. La gran novedad es la propia poesía.

¿Dereck Walcott, Premio Nobel de Literatura 1992, es una de esas figuras que participa?

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Comencé a publicar mis primeros poemas en La Prensa Literaria en 1963. El poeta Pablo Antonio Cuadra le pidió al pintor Rodrigo Peñalba que me hiciera un retrato para ilustrar los dos poemas que son Biografía de Honey, y Mi primo Chale. Años después ilustraron mis poemas, Vanegas, Sobalvarro, Leoncio Sáenz, y otros pintores.

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La presencia de Walcott en el festival es valiosa. El escritor Guillermo Cabreras Infante dice que la poesía que escribe este poeta en inglés es extraordinaria; también viene Robert Pinsky, poeta norteamericano laureado por el Congreso de los Estados Unidos y nominado al Premio Pulitzer. Estará el poeta mexicano Homero Aridjis, quien junto a Octavio Paz, hizo la compilación de Poesía en movimiento . Así como la poeta María Fernanda Espinosa, ministra de Cultura de Ecuador.

¿El festival publicará un libro de poesía de Dereck Walcott?

Sí. En una de las conversaciones que hemos tenido autorizó la publicación de una selección de sus poemas, y Melvin Wallace publicará sin costo alguno el libro, el que será obsequiado a los poetas invitados. Esta edición especial ha sido autorizada por Walcott.

¿POR QUÉ MARTÍNEZ RIVAS?

El festival está dedicado a Carlos Martínez Rivas, ¿cómo fue su relación con él?

Desde mi nacimiento Carlos estuvo presente, era un contertulio con mi padre (Enrique Fernández), porque tuve una relación que cultivamos mucho, desde mi niñez y primera juventud.

Estuvimos juntos en Madrid, España, visitábamos el Museo del Prado, era un gran conocedor de la pintura y sabía hasta dónde estaba ubicado cada cuadro. Me guiaba con lecciones verdaderamente valiosas y acertadas.

Había días que me decía “ahora solo vamos a conocer las obras de Andrea Mantegna, de Róger van der Weyden, Fra Angélico, Velásquez o Francisco de Goya”. Otros poetas que nos acompañaron en las visitas Museo del Prado fueron Beltrán Morales, Julio Cabrales y el poeta salvadoreño Ricardo Lindo.

Mi relación con Carlos fue de complicidad, de compañero, de tragos. Diario íbamos a la calle de Barbieri, la calle de Echegaray, y la calle Barco con desengaño.

Íbamos a ver a Luis Rosales, Carlos era amigo cercano de él. También tenía mucha amistad con Vicente Aleixandre (Premio Nobel de Literatura de 1977). Y tenía amistad con Pepe Hierro. Estos poetas españoles verdaderamente admiraban a Carlos.

Él era enemigo de sí mismo, porque si hubiera querido hubiese tenido ediciones en España o en México, porque Octavio Paz lo invitó a publicar, él le escribió pidiendo su autorización y él se la negó.

El año pasado publicó Crimen perfecto, ¿tiene alguna alusión a la poesía de Carlos Martínez Rivas?

Mucha gente me ha preguntado si este título tiene que ver con Carlos, pero no. En su contenido hay un poema que se llama Crimen perfecto , que se refiere a otro “crimen perfecto”, ese que yo comento que es el olvido.

Personas que tuvieron que ver mucho con mi vida y pasiones, de pronto desaparecen, ese es un crimen cruel, más terrible y es un crimen tan perfecto que no pone sangre de por medio, pone mucho dolor.

Una faceta de tu vida poco conocida es el teatro, ¿qué experiencias?

Estudié teatro en México, y Madrid. Y fue un desencuentro porque me topé con la política. Eso me hizo ver con unos ojos más inmediatos de los problemas de Nicaragua y me acerqué más a esta realidad. Estudié teatro en la Universidad Nacional Autónoma, de México, el director era Néstor López y presentamos obras de Emilio Carballido.

En España actué en el teatro Estudio Madrid, tuve experiencias gratas. Fui presentado a poetas en ese país con cartas enviada a ellos por Mejía Sánchez. Así llegué a ser amigo los poetas Antonio Galas, Pepe Hierro, Luis Rosales y Vicente Aleixandre.

Me fui alejando del teatro y acercándome a la poesía, esta comenzó a invadirme de una manera más posesiva que el teatro. La podía andar conmigo, se me podía meter adentro, la puesta en escena del teatro era más difícil.

Cuando vine a Nicaragua hicimos un patronato. Ahí estaban René Sandino Argüello y el pintor Leonel Vanegas que le decían el “Tata Vanegas”. Me relacioné con otros pintores como Alejandro Aróstegui, Orlando Sobalvarro, Róger Pérez de la Rocha, la poeta Michelle Najlis y Amaru Barahona, y apoyé la reactivación del grupo Praxis.

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