Soy un momento solitario en el tiempo, un segundo en el reloj de arena de la Eternidad, una burbuja en su vino que flota y enlaza con otros momentos de otras vidas, otras líneas y rastros de polvo, que graciosamente riman cuando bordados cuidadosamente como edredones familiares.
Y aunque la remota posibilidad de conocerte parece escasa en el edredón de la Eternidad, importa poco, pues dos veces te encontré fluyendo adentro y afuera de mí como un transitorio pensamiento viajando para que mires que mi existencia pierde significado con la ausencia de tu memoria, y si eso fuera a pasar, me declararían difunto— porque tú eres el momento, la conciencia que libero.
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