El dedo
El dedo es una bestia insaciable. Es el máximo resumen del poder. ¿Acaso no es el dedo de Dios el que da vida a Adán en el fresco que Miguel Ángel pintó en la Capilla Sixtina? Aaah, qué rico es sentirse Dios… Señalar y hágase. Señalar y viva. O muera. Señalar y convertir a alguien en un alcalde. Señalar y convertir a un alcalde en alguien.
Mala educación
Uno hasta debe entender a aquellos adictos al poder del dedazo. ¡Quién no quisiera tener ese poder! Pero como dije, el dedo es una bestia insaciable. Se comienza desde niño señalando lo que se quiere y armando berrinche cuando no se consigue y se termina hasta cuando el jefe militar escoge con su dedo a quién se fusilará en una fila de prisioneros. O se escoge presidentes, diputados o alcaldes. No es casualidad por eso que desde pequeños no enseñen que señalar con el dedo es mala educación, no vaya a ser nos volvamos adictos y terminemos siendo dictadores.
Primarias
Hubo un tiempo que el Frente Sandinista presumía de ser el más democrático de los partidos. Para esos años había establecido elecciones primarias, que fueron llamadas “consultas populares”, para escoger a sus candidatos. Y aunque se sospechaba que los dados estaban cargados para que siempre cayeran del mismo lado, hubo quienes apostaron a demostrar con los votos que en ese partido hay vida más allá de Daniel Ortega. Víctor Hugo Tinoco y Alejandro Martínez Cuenca fueron de ellos.
Lewites
Las consultas populares, como se les bautizó, funcionaron más o menos mientras se estuviera seguro que al final Ortega ganaría. Apostar sobre seguro. Tigre suelto contra burro amarrado, como se dice. Pero el asunto se complicó cuando apareció un peso pesado que lo desafió: Herty Lewites. Fue entonces que ya no valieron las consultas para escoger el candidato a presidente y se dejaron solo para diputados y alcaldes. Pero ya estaba suelto el dedo haciendo de las suyas.
Voracidad
Insisto, el dedo es una criatura hambrienta que no se conforma con poco. Ahora no le basta escoger al candidato a presidente, también quiere a los alcaldes y a los diputados. Y la verdad, el asunto no debería importarnos mucho a quienes no somos de ese partido, pero de las elecciones internas el dedo pasó, como era de esperarse, a escoger las autoridades de Nicaragua, de tal forma que ahora se va a las elecciones con la seguridad que ya el dedo escogió por nosotros quién las ganará.
Para todos
“Habrá patria para todos o no habrá para ninguno”. Siempre me gustó esa vieja consigna que inspiró tantas revoluciones. Es un reclamo a gritos. Todos debemos tener los mismos derechos. Todos debemos ser iguales en una misma patria. Ojo, que ser iguales en derechos no significa que todos vivamos de la misma forma o hagamos las mismas cosas. No. Es que todos tengamos las mismas oportunidades para mejorar nuestras vidas. Que no haya ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría.
Bandos
Sin embargo, con frecuencia, los mismos que llegaron al poder enarbolando esa vieja consigna terminaban negándola ahí mismo al dividir a los ciudadanos en bandos. Ahí está el dedo otra vez señalando: “los que están conmigo y los que están contra mí”. Y si yo controlo el Estado procuraré que los que están conmigo tengan todos los derechos y los que están en contra, puras obligaciones. Y así, hasta la próxima revolución.
Trampa
Este estilo de gobernar ha sido evidente en Daniel Ortega. Se ha aprovechado del dinero público y el manejo de las instituciones del Estado para favorecer a todos aquellos que demuestran fidelidad, sumisión y apoyo a un proyecto que ni los mismos que lo siguen saben para dónde va. Un proyecto que reparte prebendas que van desde láminas de zinc hasta negocios millonarios. Es el cazador tirando carnadas para conducir su presa a la trampa. Robarles las voluntades. Una trampa donde estará él con su dedo señalando quién vive y quién muere. Sin discusiones.