Franklin Caldera
El tráiler de la película francesa El artista (título original en inglés: The Artist), filmada como película muda, me hizo temer una parodia burda con las características deformadas que mucha gente asocia con el cine silente (1895-1929).
Agradable sorpresa fue encontrarme con un filme que reproduce el estilo cinematográfico de la década de 1920 con verdadero amor y respeto. No debí haberme sorprendido, sabiendo que Francia sigue siendo uno de los últimos bastiones de cinefilia en el mundo.
Grandes dosis de profesionalismo y erudición fueron necesarias para capturar las técnicas de edición, el ritmo narrativo, el juego de luces y sombras, el estilo de actuación, la ambientación y la atmósfera de las películas silentes.
El secreto del éxito comercial de El artista , escrita y dirigida por el parisiense Michel Hazanavicius, es el haber complementado el esfuerzo técnico con una sencilla historia de amor, capaz de cautivar a las grandes masas de espectadores, no interesadas usualmente en experimentos formales.
También ayudó a triplicar en poco tiempo la riesgosa inversión (el filme es en blanco y negro y con intertítulos) la presencia de dos actores talentosos y carismáticos: Jean Dujardin (premiado en Cannes) y Bérénice Bejo, esposa de Hazanavicius e hija del director argentino Miguel Bejo.
Ambientada en el Hollywood de finales de los años veinte, El artista narra las tribulaciones de George Valentin (Dujardin), actor francés cuyo productor, ante el irreversible tránsito del cine silente al sonoro, lo declara oficialmente desfasado.
El actor produce su propio filme (silente) que lo arruina económicamente. Su amiga, la actriz en ascenso Peppy Millar (Bejo), lo rescata de un alcoholismo en fase crítica y aprovecha sus dotes de bailarán para promoverlo como actor de musicales, género que nace con el cine parlante.
En la realidad, todos los grandes astros del cine mudo (Barrymore, Fairbanks, Gilbert) hicieron cine hablado (los productores no estaban dispuestos a perder los millones invertidos en sus astros sin probar la aceptación de estos por el público en la nueva modalidad), aunque ninguno, excepto Charles Chaplin y Ronald Colman, logró mantener su estatus estelar por mucho tiempo. Después de unos cuantos roles protagónicos, actores de fama mundial como Ramón Novarro y Richard Barthelmess, se refugiaron en papeles secundarios; otros, como Tom Mix y Richard Dix lo hicieron en cintas de bajo presupuesto.
En el ala femenina, igual que la Peppy Millar de la película, algunas estrellas de los años veinte (Joan Crawford, Norma Shearer o Greta Garbo) cosecharon sus mayores triunfos después de que el cine aprendiera a hablar.
Como crónica en clave de ficción (los personajes no están basados en personalidades reales) de los retos planteados por el sonoro, El artista forma tríptico con Cantando en la lluvia (1951) de Stanley Donen y Gene Kelly; y Étoile sans lumière (Estrella sin luz, 1946), único filme protagonizado por Édith Piaf.
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