Joaquín Absalón Pastora
La presentación de una ópera constituye un acontecimiento en Nicaragua, porque enriquece a la tradición cultural que dormía, redobla esa importancia el hecho de que, el 11 y 15 de febrero, estará en escena, el modelo más representativo en todo el período del verismo: Cavallería Rusticana, melodrama en un acto de Pietro Masacagni.
Se libra el vestuario de la idealización del romanticismo, la fuente inspiradora que introduce por primera vez los nuevos temas en el mundo lírico italiano, la literatura cruda a veces miserable de la existencia humana, el torbellino donde se revuelven los hilos de la verosimilitud trágica.
La pieza que ha sido considerada como la de efectos más arrebatadores en esa tendencia sin trapos artificiales sinceramente natural y probable, es Cavallería Rusticana, desde su estreno el 17 de mayo de 1890 en el teatro Constanzi de Roma.
El paradigma es un violento drama rural cuyos ejes son los celos, inagotables en el transcurrir de la individualidad. Nos introduce al ímpetu a través de melodías sencillas de inspiración popular. Se impone para profundizar el origen, la superioridad de la voz solista, la monodia sobre la polifonía que devenía en la antecedencia.
Desde el comienzo el preludio permite anticipar casi todas las melodías de la obra, dentro de las cuales está la romanza, considerada por su fulminante penetración como el trozo mejor logrado del melodrama, reiterado cuantas veces ha sido posible cada vez que la orquestación tiene la oportunidad de ofrecerla como un ejemplo antológico de la sutileza y conmoción melódicas.
Figura dentro de la variedad temática que aviva en síntesis el preámbulo que el autor calificó como “banal cancioncilla”, pero que la posteridad consagra como una muestra de la riqueza aliada entre lo vocal y lo instrumental.
Realza el célebre intermezzo que entra fácilmente a la ansiedad auditiva, una vez que haya transcurrido la precipitación vengativa de un amor ultrajado y el que, en opinión de los especialistas “no expresa convenientemente el dramático ambiente de la situación”
Debe encomiarse la idea coyuntural de presentarla en el atrio catedralicio primero y después en el Teatro Nacional Rubén Darío en celebración del 145 aniversario de su natalicio y por acceso de quienes se han quedado al margen de gozar esta cultura cuya expansión se debe a la conjunción solidaria de la Camerata Bach, la Orquesta Nacional de Nicaragua y la Fundazione Festival Pucciniano.
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