Javier Poveda/Vida
Además del derrame cerebral, el paro cardiaco es una de las causas más comunes de muerte en la sociedad actual. ¿Razones? Especialistas señalan muchas, comenzando desde las más simples: las angustias.
“Las personas cuando tienen problemas los enfrentan de la forma incorrecta. Hay estrés laboral, malas relaciones de pareja, deudas y las resuelven tomando licor, para olvidar —dicen—”, comentó el doctor Bayardo Jiménez.
“Es un doble suicidio, primero porque clínicamente se ha demostrado que efectivamente la fatiga ha sido causa de muerte. Sumemos el exceso de alcohol y como resultado una persona que está dañando el corazón. Otro factor son los pésimos hábitos alimenticios. Mucha grasa, mucha sal, mucha azúcar. Es una bomba de tiempo hasta que el corazón deje de latir”, prosiguió el médico.
Jiménez dijo que no hay cultura de actividad física, sobre todo en los hombres después de los 30 años. “Llegan a casa a comer, ven tele y duermen. Los fines de semana pasan durmiendo o toman licor. Hay que salir a caminar, una cosa tan simple como esa puede hacer un cambio radical en nuestra salud”. Además ir dejando poco a poco los hábitos como el cigarrillo, ya que muchos estudios han demostrado el alto riesgo de los fumadores de sufrir un ataque cardiaco.
LA MUERTE A UNOS TRAGOS
El consumo excesivo de alcohol hace que la presión arterial se eleve, las arterias y los músculos del corazón se tornan rígidos en los hombres y se nota un agrandamiento del corazón en las mujeres, aumentando su riesgo de tener ataques al corazón y derrames cerebrales. En ellas es más preocupante ya que las mujeres no son capaces de lidiar con el consumo elevado de alcohol. Se va directamente al corazón y lo daña.
Las muertes por enfermedades cardiovasculares afectan por igual a ambos sexos y más del 80 por ciento se producen en países de ingresos bajos y medios. Se calcula que en 2030 morirán cerca de 23.6 millones de personas, sobre todo por cardiopatías, según datos emitidos en el 2011 por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Para mantener un corazón sano es necesario consumir alimentos que sean bajos en grasa saturada y colesterol y altos en fibra. Las grasas saturadas se encuentran principalmente en alimentos de origen animal (huevos, mantequilla, leche y otros productos lácteos sin descremar). El riesgo de enfermedades del corazón puede ser reducido consumiendo una dieta baja en grasas, asimismo remplazando las grasas saturadas por grasas no saturadas tales como aceites de oliva, de maní o de canola.
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