Luis Sánchez Sancho

El Tártaro y el castigo eterno

Luis Sánchez Sancho  

Una amiga lectora me ha pedido que escriba  algo  sobre el Tártaro, como se llamaba el  terrible lugar a donde los dioses enviaban a quienes  castigaban  por sus ofensas y malas acciones  y al cual me he referido, en diversas ocasiones,  en esta columna.
Al respecto,  ante todo hay que aclarar que el Tártaro de la mitología griega no tiene nada que ver con el pueblo que es  conocido con ese mismo nombre.

En la Edad Media se creía que los tártaros eran los mongoles que invadieron Europa en el siglo XIII,  pues los consideraban  tan feroces como provenientes del mismo infierno.      En realidad, el nombre del actual pueblo tártaro no se deriva del Tártaro griego, sino que viene de  tatar, como llamaban los antiguos persas a  ciertas  tribus  que poblaban algunos  lugares del extenso   imperio de  Persia.   

 Los rusos llamaron tártaros, o más bien tataros, a los descendientes del pueblo llamado Búlgaros del Volga,  que entre los siglos VIII y XIII  constituyeron un  importante Estado  en la confluencia de los grandes ríos rusos Volga y Kama. Mucho tiempo después, a raíz de la revolución comunista soviética de 1917 los rusos crearon en el territorio donde vivían los  descendientes de los antiguos búlgaros del Volga, una república soviética que llamaron  tatárica o tártara. La cual,  después de la caída del comunismo y la desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), en 1991, quedó como una de las 14 repúblicas de la actual Federación Rusa, con el nombre de República de  Tartaristán.

 El   Tártaro de la mitología griega, según lo que relata Hesíodo en su Teogonía (o sea la historia del origen de los dioses) era un poderosísimo dios originario, hermano de Caos, Gea y Eros. Pero el Tártaro era también un desconocido y misterioso lugar que supuestamente estaba ubicado en lo más profundo de la Tierra, más hondo que el Hades, como se llamaba  el mundo de los muertos a donde iban las sombras o almas de los que morían para ser  juzgadas por tres poderosos, severos e infalibles jueces: Minos, Eaco y Radamante.   
 Según una antigua leyenda, cuando los  gigantes se rebelaron contra   Cronos pero fueron derrotados, este los encerró  en el Tártaro, como castigo,  porque era  el lugar más remoto y profundo de la Tierra. De allí los sacó Zeus para que le ayudaran a enfrentar a los titanes, los cuales,  al ser derrotados,  también fueron encerrados en el Tártaro  que  desde entonces fue considerado  como el terrible lugar del  castigo eterno.   
 El  mitólogo francés Jean Francois Michel Noël relata en una de sus obras que   el Hades tenía tres niveles. El primero,  cerca de la superficie de la tierra, se llamaba Erebo. Allí estaban los palacios de la Noche, el Sueño (de dormir) y los Sueños (de imaginarse cosas mientras se duerme). También se encontraba en el Erebo el Can Cerbero, o sea el perro feroz que cuidaba que nadie se escapara del mundo de los muertos, y que no entrara si no había pagado la cuota u óbolo obligatorio; y las Furias (las divinidades  que perseguían a quienes cometían terribles delitos, como el parricidio).

El segundo lugar del Hades era el de los Campos Elíseos, a donde iban después de muertos los héroes y quienes vivieron  virtuosamente. Y el tercer lugar del Hades, el   más profundo,   era el Tártaro, que en el comienzo de los tiempo fue solo el sitio  de reclusión de los gigantes, primero, y de los titanes, después, pero posteriormente se convirtió en el horrible y temible lugar  a donde iban,  para sufrir el castigo eterno,   los ofensores de los dioses, los perjuros, los asesinos  y en general todos los que habían sido de mal vivir .

Columna del día Opinión
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