Joaquín Absalón Pastora
Miami muestra interés por el arte selecto. Los personajes son los clásicos y la acústica el aliento de la sonoridad sinfónica. Los anfitriones ligados a la afición, nos dicen que prosperan instituciones como la Florida Grand Opera, la New World Symphony, la Cleveland Orchestra y la Miami Symphony.
Refiere el cronista cultural Daniel Fernández, que la organización de la Orquesta Sinfónica de Cleveland se ganó en 2011, un afecto digno de ponerse en los primeros lugares de la comunidad miamense, gracias a Giancarlo Guerrero.
¿Quién es él? Es un compatriota nacido en Corinto y por ende, un nicaragüense que prestigia a su patria en las esferas donde solo han llegado portentos de la batuta como Lorin Maazel. Desconocido en su país, quizá su ascenso y más concretamente a las esferas de Cleveland, se deba a que como Rubén, tomó los cielos ajenos al pabellón nativo.
Él es el director adjunto de la Orquesta Sinfónica de Cleveland, designado para actual no solo como tal al frente de conciertos en Estados Unidos, Europa y Asia, sino que para sembrar la semilla didáctica en la formación de las nuevas generaciones en los conservatorios y en las orquestas juveniles cuyos mejores componentes son viajeros a los picos de la titularidad en las grandes orquestas. En 2011 le correspondió, luego de dirigir conciertos extracontinentales, desempeñarse como maestro de los jóvenes ejecutantes de Miami y esa es la razón por la cual su nombre sobresale con agradecimiento en los medios donde se solaza la difusión de la cultura. Guerrero ha sido el pedagogo en los ambientes donde se respira el aire de la superación…