Por Javier Tovar
RIO DE JANEIRO/AFP
«Hola amor» fue lo único que alcanzó a decirle Fabio a su novia Tatiana en una corta llamada telefónica desde las ruinas de uno de los tres edificios que se desplomaron en la ciudad brasileña de Rio de Janeiro, lo que aviva la esperanza de sus familiares de encontrarlo con vida.
«Él estaba en el edificio y a las 3 de la mañana llegó a hablar con su novia debajo de los escombros. Le dijo 'hola amor' y se cortó la llamada. Es una esperanza», contó Francisco Adir, de 58 años, padre de un amigo de Fabio.
Tatiana se quedó sin palabras y, llorando, se lanzó a los brazos de una compañera, mientras continúa la larga espera por noticias de los equipos de rescate, que ya hallaron cinco cuerpos.
Al menos una docena de personas todavía no han sido halladas. Las tareas de búsqueda con maquinaria pesada se realizan de manera ininterrumpida desde la noche del miércoles, cuando tres construcciones de veinte, diez y cuatro pisos colapsaron por causas aún desconocidas.
Las construcciones estaban ubicadas cerca de la plaza de Cinelandia, en el centro histórico de la ciudad, donde también está el Teatro Municipal y el Concejo Municipal de Rio. Allí aguardaban familiares por noticias de sus desaparecidos.
Algunos, desconsolados, salían de allí hacia el instituto forense. Es el caso de Sandra Ribeiro Lopes. Su padre trabajaba como portero en el edificio de 20 pisos y todo indica que es una de las víctimas. «Encontraron el celular de mi papá en el bolso de uno de los cuerpos encontrados. Ahora voy a la medicina forense al reconocimiento», dijo a periodistas. Vera de Anjo Freitas llegó poco después buscando noticias de su primo, Moisés Morais Silva, con quien se encontró en la calle Treze de Marzo poco antes del desplome.
«Le pregunté que si quería enviar algo para casa y me dijo: 'sí, espera que voy a buscar mi bolsa'. Ahí sentí algo como granito cayéndome en la cabeza y salí corriendo», cuenta la mujer, empleada doméstica de 57 años. «No creo que estén vivos, estaban fuera del edificio», añade conteniendo las lágrimas.
A Moisés le acompañaban cuatro colegas de trabajo. Decenas de curiosos se amontonaban en la zona para fotografiar con sus celulares la escena del desastre, de donde salía una humareda oscura. Sobre las ruinas caminaban los socorristas guiados por sus perros, mientras las excavadoras retiraban escombros con movimientos casi quirúrgicos. Y en el metro o en la calle, todos hablaban de lo mismo: «qué locura, ¿no?», era la frase más común.
Por la plaza de Cinelandia circulan todos los días miles de personas, pero como al momento de la tragedia ya había concluido la jornada laboral, las autoridades confían en que el balance de víctimas no sea muy alto.
«Estaba en la planta baja cuando la puerta del elevador se abrió y vi que el predio se caía, fue horrible, no sé cómo tuve la decisión de regresar al ascensor. Eso fue lo que me salvó, regresar para el elevador», contó Alessandro da Silva Fonseca, de 31 años, que fue rescatado poco después del incidente.
«Tuve suerte de que estaba con el celular en el bolsillo, llamé a mi amigo (que estaba en la planta baja y logró escapar) y me dijo: 'ten calma que los bomberos van a llegar y te van a salvar'», siguió este hombre, que siente haber nacido de nuevo la madrugada del jueves. Las autoridades aún no han establecido la causa del desastre, aunque la tesis que más cobra fuerza es la de un problema estructural.
«El elevador estaba siempre dañado y ayer (miércoles) caía polvo de concreto por la boca del elevador», indicó Víctor Ferreira, un diseñador de 25 años que trabajaba en el edificio Liberdade, el más alto.
Las autoridades temen que no encontrarán sobrevivientes, aunque la búsqueda no cesará por el momento. Por ello, Adir sigue esperanzado, la llamada de Fabio les da fuerza porque después de todo «si llamó a las 3 de la mañana, es porque está vivo».