Por Juan Carlos Ampié
Después de crear personajes para Plaza Sésamo , Jim Henson se lanzó a su propia empresa. El resultado fue El Show de los Muppets . Mientras uno enseñaba las primeras letras, el otro dispensaba otro tipo de educación: su objeto de estudio era la cultura pop, alta y baja. Utilizando el formato del show de variedades —ya anticuado en 1976— exponía a niños y adultos a una amplia gama de personalidades y contenidos. En un episodio podía aparecer Rudolph Nureyev de anfitrión, Luke Skywalker participaba en un sketch cómico, y el perro Rolf cantaba una canción de Gershwin. Con unas gallinas.
El programa marcó la sensibilidad cultural de una generación. Las semillas del humor postmoderno y autorreferencial de los ochenta y los noventa están ahí. El sentido de ironía y el cariño enciclopédico por la cultura pop también. Sin ellos, no hubieran existido Los Simpsons . Con el tiempo, los personajes migraron a series animadas y películas cada vez más alejadas de estilo original. La muerte de Henson en 1990 fue un golpe fatal. Los estudios Disney compraron la marca, y con la nueva película Los Muppets (James Bobin, 2011) tratan de restablecer su vigencia para las nuevas generaciones.
Walter (Peter Lintz) es un pequeño muppet, inexplicablemente hermano de un hombre de carne y hueso, Gary (Jason Segel). Su estrecho vínculo pone en peligro el romance de Gary con Mary (Amy Adams). Para celebrar su décimo aniversario de noviazgo viajan a Los Ángeles. Por supuesto que Walter los acompaña. Es fan de los Muppets y sueña con visitar su estudio. El lugar es una ruina, el viejo equipo se ha desbandado. Durante el tour más deprimente de todos los tiempos, Walter escucha cómo el malvado Tex Richman (Chris Cooper) compra el terreno para demoler los edificios y extraer petróleo. La única manera de rescatarlo es conseguir 10 millones de dólares. ¿Qué mejor manera de hacerlo que reuniendo a los Muppets originales para un teletón?
Así, los Muppets aparecen como actores secundarios de su propia historia. El protagonismo de Walter, un nuevo personaje, puede garantizar el interés de los recién llegados, pero lo hace a costa de los veteranos. Otro error de cálculo está en los números musicales. A pesar de la energía invertida en ellos, ninguna canción es tan memorable como la clásica Rainbow Connection , original de The Muppet Movie (James Frawley, 1979). Cuando este hermoso tema aparece en el teletón, los demás se sienten inadecuados.
Quizás mi opinión está demasiado informada por la nostalgia —cuando era niño no me perdía el programa—. En realidad, el espíritu de la serie original y su particular sentido del humor prevalecen. Cuando los Muppets ocupan el escenario, la comedia chisporrotea. Son maestros de la línea artera, el chiste secundario y la ocurrencia fugaz. Kermit se rencuentra con el Oso Fozzie en un casino de mala muerte. Su camerino está al aire libre, en un callejón. Mientras conversan se escucha un tiroteo, un carro de policía pasa al fondo en plena persecución. Empieza a llover, y el pobre perdedor solo atina a decir “¡Salva los cojines!”. Creo que tenía años de no soltar una carcajada en el cine. Cuando funcionan, Los Muppets le dan clases a las supuestas comedias de hoy en día. Y vea la versión original subtitulada. El doblaje sabotea la mitad de los chistes y destruye las canciones. Comprobado.
Ver en la versión impresa las paginas: 19