Por Bayardo Quinto Núñez
No puede haber repeticiones en un rayo de mediodía, solo es referible en ficción y metáforas. Pero después ocurrió lo tímido, lo inevitable, el espejo del mediodía se rompió como una inextricable acción animosa inocente que es como tocar una maquinaria ignorada, diseñada taciturna, señaló Roberto. Empero, Ernesto. Le comentó: “Su oscura y valerosa brillantez e imágenes azabaches como siluetas que destacan a ese espejo en la oscuridad es el mismo sótano que se bifurca y ríe para partirse en dos. En fin, sea espejo de día o a oscuras, es espejo donde se allana toda memoria en íntimas cobardías de su propia sombra, bendito espejo”, inquirió Roberto. Pero el espejo está dormido, no le hace daño a nadie es para verse, refutó Ernesto. Claro, las desgracias no vienen solas, ahora esperemos el día para ver al espejo y ver ¿qué? , finalizó Roberto.
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