Editorial: Cooperación externa y democracia
La embajadora de Alemania en Managua, señora Betina Kern, precisó que su país no se está retirando de Nicaragua, solo ha decidido reducir su cooperación económica y material.
De cualquier manera, este anuncio ha sido noticia de primera plana no solo por la importancia que la cooperación externa tiene para nuestro país, el segundo más pobre de América Latina, sino también porque la reducción sustancial de la ayuda alemana ha sido motivada por el debilitamiento de la democracia y el crecimiento del autoritarismo gubernamental en Nicaragua.
En este sentido la embajadora Kern expresó a LA PRENSA que “en Alemania la democracia es muy importante, es algo sagrado”, lo cual, obviamente, influye sobre la orientación de su cooperación externa. “Para una democracia sana es importante la división de poderes. Que haya equilibrio entre el ejecutivo y el legislativo, así como la parte de la jurisprudencia para establecer una institucionalidad fuerte”, explicó también la jefa de la representación diplomática alemana en Nicaragua.
Pero no solo para Alemania, sino para todos los países de la Unión Europea, la vigencia de la democracia es o debe ser determinante en la distribución de su cooperación externa. En realidad, si el Tratado de la Unión Europea prevé en su artículo 7 sancionar a todo Estado Miembro que viole derechos humanos y libertades fundamentales, entre las cuales están las que hacen posible el funcionamiento de la democracia, Europa en general y cada país europeo en particular tienen que hacer extensivo ese principio a sus relaciones con otros países y regiones, incluyendo su cooperación internacional.
Hay quienes aseguran que la cooperación externa debería ser ciega y absolutamente incondicional. Y la verdad es que hay países cooperantes que no ponen ninguna clase de condiciones a la ayuda que facilitan a países necesitados, salvo que la deben administrar correctamente. De manera que esos países cooperantes igual dan ayuda a regímenes autocráticos como a naciones gobernadas por líderes demócratas.
Pero la cooperación externa de los países democráticos no debería ser como un cheque en blanco que se entrega a cualquier gobierno, haciendo caso omiso de las situaciones de los derechos humanos y las libertades fundamentales. La ayuda internacional no solo debe orientarse a resolver problemas materiales, sino también al desarrollo de una cultura democrática y al establecimiento o fortalecimiento de la democracia, como la mejor forma de vida y de gobierno que es. De otra manera la ayuda sirve más para fortalecer a los gobernantes autocráticos que, además, son inevitablemente corruptos.
En la época actual, cuando los valores de la libertad y la democracia andan a la baja y las dádivas populistas y las facilidades para hacer negocios son consideradas más importantes que la defensa de las instituciones democráticas y los principios fundamentales de la libertad, declaraciones como la de la embajadora de Alemania, de que para su país la democracia “es algo sagrado”, fortalece la confianza en que después de todo no estamos solos en la lucha por un nuevo cambio democrático en Nicaragua.
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